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El sencillo truco de los soldados romanos para combatir el frío: "Un legionario consentía en ponerse lo que ahora llamaríamos calcetines"

Estas son algunas de las técnicas que ponían en práctica para combatir el frío

Batalla de Carthagineses y Romanos

Batalla de Carthagineses y Romanos / Loyola Pérez de Villegas

La presencia mental que tiene el Imperio romano en nuestra sociedad no es casual, sino el legado de una civilización que cinceló muchos de los pilares sobre los que seguimos construyendo hoy: la arquitectura, el urbanismo, la lengua, el derecho e incluso, en parte, la forma en la que entendemos el confort y la habitabilidad. Por eso no resulta nada raro que, de vez en cuando, a más de una persona le asalte una duda muy terrenal de qué hacía un soldado romano para protegerse del frío cuando le tocaba patrullar en pleno invierno en lugares como Germania o la actual Inglaterra.

Aunque en las representaciones clásicas vemos al legionario con túnica corta, piernas al aire y sandalias, lo cierto es que esta imagen está lejos de reflejar toda la realidad. De hecho esta misma pregunta se ha formulado una y otra vez en distintos foros a lo largo del tiempo.

Qué llevaban los legionarios romanos

En uno de ellos, dentro de la comunidad histórica de Reddit, alguien lanzaba la cuestión directamente al aire: qué llevaban los legionarios romanos cuando se enfrentaban a los fríos del norte de Europa.

Entre las respuestas varias personas apuntaban a algo que en Roma, al principio, se veía casi como una prenda “bárbara”: los pantalones. Allí se mencionaba el término latino braccae, usado para referirse a esta prenda de origen celta, cuyo eco aún pervive en palabras modernas como la inglesa breeches o la holandesa broek.

En otro foro centrado directamente en la vida militar romana, se ponía el foco en el calzado: un usuario recordaba que las famosas caligae (sandalias con suela claveteada que identificaban al legionario) que no se abandonaban ni siquiera en condiciones duras. Eso sí, en determinadas zonas extremas, el propio soldado hacía una pequeña concesión a la comodidad: “un legionario consentía en ponerse lo que ahora llamaríamos calcetines” debajo de este calzado abierto.

Sin embargo no todo quedaba en la ropa y un artículo científico analiza de manera detallada cómo los romanos adaptaban su arquitectura y sus asentamientos al clima. En este texto se compara el pensamiento de Vitruvio con los principios modernos del diseño bioclimático, y se explica que, en ausencia de tecnologías modernas, la ubicación de las ciudades, la orientación de los edificios y hasta la distribución de las estancias respondían directamente a factores climáticos como la temperatura, las corrientes de aire y la exposición solar.

Los romanos entendían que las viviendas en regiones frías debían ser más cerradas, con menos aperturas y orientadas al sur para aprovechar el recorrido del sol. También consideraban fundamental evitar zonas pantanosas por motivos de salud y ubicarse en terrenos elevados sin niebla persistente. Incluso el viento se tenía en cuenta: Vitruvio reconocía que podía ser dañino para la salud y proponía diseños urbanos que lo bloquearan o desviaran.

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