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Los contenedores de reciclaje también se merecen una segunda vida

Cuando se habla de economía circular, siempre se piensa en la reutilización de envases, de botellas de vidrio o en la segunda vida que tendrán los papeles y cartones, pero esta práctica abarca muchos más ámbitos

Instalaciones de Innoplast

Instalaciones de Innoplast

Gema Carrasco

En España, los contenedores amarillos y azules son un elemento más de las calles de nuestros pueblos y ciudades. Durante muchos años, el objetivo ha sido aumentar su presencia, facilitar el acceso al reciclaje en todos los hogares y concienciar a la población sobre su uso. Pero ahora se quiere ir un paso más allá, y es que no solo importa cuántos contenedores haya, ni dónde estén colocados. Ahora el reto pasa por cómo se gestionan esos contenedores durante su tiempo de funcionamiento.

Los contenedores colocados en las calles, a la intemperie, sufren daños, actos vandálicos o simplemente llegan al final de su vida útil. Pero estos pueden ser reacondicionados para volver al servicio y tener una segunda vida. Esta labor la llevan a cabo empresas como Innoplast, que desde hace más de una década se encarga de devolver a las calles contenedores totalmente operativos. Jorge García, gerente de la compañía, explica que “somos una empresa que nos dedicamos a la economía circular pura y dura”. Todo comienza cuando un municipio retira un contenedor deteriorado. Este se evalúa para determinar si puede recuperarse. “Hacemos un proceso de triaje para saber cuál se puede recuperar y cuál no. El que se puede, lo reparamos y lo reacondicionamos, le cambiamos todas las piezas dañadas, lo limpiamos y esterilizamos y le colocamos la nueva personalización”, explica García. Los contenedores que no se pueden reparar tampoco se desechan. Se trituran, se separan por materiales y colores, y su plástico se reincorpora a la industria para fabricar nuevos equipos. La cadena es circular de principio a fin.

Contenedores amarillos

Contenedores amarillos / Innoplast

Ecoembes, que coordina la gestión de los contenedores amarillos y azules junto a las administraciones locales, apuesta por este modelo de circularidad aplicada. Patricia García Moral, especialista del Área Técnica de esta entidad, señala que “desde Ecoembes abogamos por la circularidad de toda la cadena de valor. Los contenedores pueden tener una segunda vida tras un proceso exhaustivo de mantenimiento, reparación y revisión técnica para así garantizar su operatividad y seguridad tanto para los ciudadanos que los usan como para los trabajadores que los recogen”. Además, García Moral insiste en que el reacondicionamiento se hace asegurando “unos criterios técnicos, normativos y operativos que garanticen la seguridad, cumplimiento legal y funcionalidad respectivamente”.

Ventajas económicas, ambientales y sociales

El reacondicionamiento de contenedores no solo evita fabricar nuevos equipos, sino que también genera empleo y reduce la huella de carbono. “Nuestra actividad tiene una responsabilidad social muy grande porque recuperar un contenedor supone muchos más puestos de trabajo con respecto a la fabricación de uno nuevo, que se lleva a cabo en industrias totalmente robotizadas”, destaca el gerente de Innoplast. A nivel económico, la práctica también tiene beneficios: “Reducimos la huella de carbono con respecto a crear un contenedor desde cero y hacemos que la inversión de nuestros clientes sea entre un 40 y un 60 % inferior con respecto a lo que supondría adquirir un contenedor nuevo”. En este sentido, García Moral explica que “el coste de revisión y reparación debe ser significativamente menor que el de sustitución por uno nuevo para garantizar su viabilidad económica”.

Contenedores rehabilitados

Contenedores rehabilitados / Innoplast

La especialista de Ecoembes alaba la labor de empresas como Innoplast apuntando que “el mérito es de las empresas y autónomos que han decidido emprender para llevar a cabo este tipo de trabajos, desarrollar piezas y mecanismos para alargar la vida útil de los contenedores, ahorrando dinero a los municipios y reduciendo residuos por no tener que descartar contenedores”.

Innoplast, que empezó hace quince años, ofrece el reacondicionamiento de contenedores tanto al sector público —ayuntamientos, mancomunidades y diputaciones— como a empresas de servicios ambientales. Según su gerente, el crecimiento ha sido constante y la demanda se mantiene al alza. Los contenedores reacondicionados se distribuyen en todo el territorio nacional, “en aquellos municipios que contraten una reparación de su propio parque de contenedores para alargar su duración o bien en aquellos que quieran comprar contenedores de segunda mano para reponer o ampliar las unidades de vía pública”, añade Patricia.

El éxito de este modelo se debe a la coordinación entre administraciones, empresas especializadas y entidades que promueven soluciones más allá del reciclaje. Como concluye Jorge García, “desde el punto de vista técnico no hay ninguna diferencia entre un contenedor nuevo y otro reacondicionado porque cumplen la normativa europea y todos tienen la misma medida. Además, ofrecemos la misma garantía que el fabricante da con un contenedor nuevo”.

La labor de Innoplast y Ecoembes tras la DANA

La reutilización no solo se aplica en situaciones ordinarias. También se convirtió en una herramienta eficaz tras la DANA que afectó a numerosos municipios de la Comunidad Valenciana. Patricia García Moral recuerda que “desde Ecoembes hicimos un llamamiento a todos los municipios de España para que donaran contenedores de residuos que tuvieran fuera de uso acopiados en almacenes, naves y campas”. Este llamamiento tuvo una respuesta muy positiva y a través de los fondos económicos del convenio de colaboración entre Ecoembes y la Generalitat Valenciana, se transportaron los contenedores donados a través de Innoplast. “Se reacondicionaron y se fueron repartiendo hasta los municipios receptores”, añade. En total, se lograron reacondicionar y entregar unos 1.500 contenedores amarillos y azules para un consorcio y once municipios afectados.

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