Entrevista
Julián Casanova: "Hay una operación para rehabilitar la figura de Franco"
En junio de 2026 el historiador Julián Casanova cumplirá 70 años, una «edad razonable», dice, para colgar los hábitos de profesor —da clase en la Universidad de Zaragoza y en la Central European University de Viena—, pero no los de investigador, esa «gran pasión» que le ha llevado a firmar algunos de los libros de historia del siglo XX europeo y español más apreciados y consultados. El último es ‘Franco’ (Crítica), una biografía con voluntad de «explicar el dictador y su contexto al lector de hoy, sobre todo a los que no vivieron el franquismo».

Julián Casanova. / PI
J. Fernández
Se cumplen 50 años de su muerte. La ocasión parece idónea.
Le agradezco el comentario, porque este libro no tiene que nada ver con el aniversario ni me lo ha financiado Pedro Sánchez, como dicen algunos por ahí. Llevaba años trabajando en este proyecto, para el que he consultado más de 150.000 documentos, y ni la editorial estaba al tanto. En realidad, es la culminación de 40 años de investigación. He escrito mucho del franquismo desde que leí mi tesis doctoral sobre la Guerra Civil en 1983. Pero ocurre algo curioso: antes hablaba de Franco y no pasaba nada; ahora, en cambio, hay un ruido infernal a su alrededor.
¿Qué ha cambiado?
Hace 10 años, cuando salía al extranjero solían preguntarme por qué no había ultraderecha en España. Ya no tengo que explicarlo. El cambio ha sido ese, pero con una variante local. Aquí hemos pasado de aquellos cuatro nostálgicos del brazo en alto que iban al Valle de los Caídos cada 20-N a una ultraderecha moderna, internacionalmente conectada, que se propaga por vía digital y que quiere reescribir la historia. En nuestro caso la de España, desde los mitos de la reconquista hasta Franco. Hay una operación para rehabilitar su figura.
Un diputado de Vox dijo en el Congreso que, gracias a las redes, los jóvenes de hoy saben que ‘el franquismo fue una época de reconciliación’. ¿Se refiere a esto?
Es que esto ya lo hemos vivido. Putin lo hizo en Rusia, Orbán en Hungría, y ahora Trump dice que las universidades manipulan a los jóvenes y que hay que lograr que se sientan orgullosos de su pasado. Nada de hablarles de la esclavitud, solo gestas gloriosas. No lo dude: si Vox llega al poder, lo primero que hará será cambiar los libros de texto.
¿En 50 años no hemos tenido tiempo de construir un relato de consenso sobre Franco y el franquismo?
Hubo un momento, a principios de este siglo, en que pensé que lo íbamos a lograr. Las asociaciones de víctimas se movilizaron, se empezó a hablar de memoria histórica y llegó la ley de Zapatero. Las cunetas seguían llenas de cadáveres, pero parecía que podíamos normalizar nuestra relación con nuestro pasado. Pero Rajoy dejó aquella ley sin financiación y ahora, lo primero que ha hecho Vox al llegar a los gobiernos autonómicos ha sido cargarse las leyes de memoria democrática. Luego abandonaron esos gobiernos, pero esas leyes quedaron derogadas.
Denuncia el desconocimiento que, en su opinión, existe sobre la figura de Franco. ¿A qué lo achaca?
A que no ha interesado conocer ni contar la verdad. Durante décadas, la gente se alimentó de propaganda o de recuerdos familiares y en los últimos años en los colegios nunca se acababa dando el siglo XX español. La figura de Franco sigue a día de hoy rodeada de mitos.
En su libro desmonta varios.
El más llamativo es el del Franco modernizador. Claro que modernizó España, porque en la década de los 60 se modernizó toda Europa. Pero aquí pagamos un coste humano y social que nuestros vecinos no pagaron. Por más que insistan, Franco no inventó la Seguridad Social, y pantanos también se inauguraron en Corea del Norte. Otro mito es que libró a España del comunismo. Mentira. El comunismo no logró gobernar en ningún país occidental. Tampoco lo habría hecho en España. Son argumentos infantiles, pero los juntas en un vídeo de TikTok y tienes un material explosivo.
En esos vídeos a menudo se rechaza que Franco sea equiparable a Hitler o Mussolini. ¿Qué opina?
Hitler y Mussolini activaron su parte más cruel al final de sus vidas. Franco lo hizo al principio y luego descansó. La gente recuerda la parte final, cuando hubo cierta apertura y las cosas mejoraron, pero hay una ocultación premeditada de los crímenes que cometió en la posguerra. En 1945, Franco pudo respirar tranquilo porque tenía a todos sus opositores en el cementerio o en el exilio.
Su argumento para dar el golpe de 1936 fue poner orden en el país, pero luego acabó la guerra y no regresó al cuartel.
Porque descubrió el poder y le gustó. Más aún cuando se vio paseando bajo palio. Se sintió monarca y doña Carmen, una aristócrata grandiosa. Él no fue un líder carismático como Hitler o Mussolini, que necesitaron seducir a las masas para alcanzar el poder. No habría sabido. Por no tener, no tenía ni voz. A Franco, el carisma se lo dio la victoria en la guerra y el culto que después le rindió la Iglesia católica.
Lo cierto es que estuvo casi 40 años en el poder.
Porque supo adaptarse a las circunstancias, y eso nadie puede negárselo. Franco no crea las circunstancias, se aprovecha de ellas. No era el cabecilla del golpe, pero Sanjurjo murió en accidente. Hitler y Mussolini le apoyaron en la guerra, pero después consiguió el apoyo de democracias como EEUU. La mejor definición de Franco es la de un dictador que siempre dependió del exterior y fue tremendamente cruel con sus adversarios del interior.
¿Morir en la cama fue su mayor victoria?
Franco murió en la cama porque nadie de dentro ni de fuera de España fue capaz de echarlo. Esto no significa que la oposición no hiciera nada, pero en su camarilla nadie se atrevió a imponer reformas ni a abandonar el barco. Él ya lo advirtió: centinela, si caigo yo, caemos todos. Ningún franquista quiso renunciar a aquellos privilegios. A nivel internacional, tras la caída de las dictaduras de Portugal y de Grecia, estaba claro que la siguiente era la española, pero ahí Franco volvió a aprovecharse de un factor circunstancial: su edad. Si en vez de tener 80 años hubiera tenido 70, Estados Unidos le habría dicho: es hora de marcharse. Pero a esa edad, lo más fácil era esperar a que muriera.
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