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Modelos de predicción

El cambio climático complica aún más la difícil tarea de predecir tormentas: "Hay fenómenos que cogen intensidad más rápido de lo esperado"

Algunos estudios sugieren que factores como el calentamiento de las aguas y la mayor humedad en la atmósfera provocan que algunos fenómenos meteorológicos cojan intensidad de forma repentina y complica su predicción a medio plazo

Uno de los fenómenos meteorológicos cazados por Alfons Puertas desde el observatorio Fabra.

Uno de los fenómenos meteorológicos cazados por Alfons Puertas desde el observatorio Fabra. / Alfons Puertas

Valentina Raffio

Barcelona

En la ya de por sí compleja labor de predecir el tiempo, el hecho de anticiparse a la llegada de fenómenos meteorológicos extremos es, desde siempre, la pieza más difícil del rompecabezas. Pero ahora, según relatan los expertos, mientras en el planeta se registra una atmósfera cálida y húmeda como consecuencia del cambio climático, la tarea de predecir lluvias torrenciales y tormentas se está volviendo aún más incierta. "El cambio climático plantea algunos retos a la hora de predecir el tiempo, sobre todo en el caso de fenómenos meteorológicos extremos. El hecho de que tengamos aguas más cálidas, por ejemplo, hace que haya fenómenos que se intensifiquen de manera más rápida de lo esperado y, por ejemplo, pasen de tormenta tropical a huracán en pocas horas, algo que hace unas décadas se veía como algo extraordinario y ahora se está volviendo cada vez más frecuente", comenta Rubén del Campo, meteorólogo de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

La explicación de fondo es sencilla. Y es que los modelos de predicción meteorológica se basan en leyes físicas que rigen el comportamiento de la atmósfera y que, en teoría, no cambian ni siquiera por el impacto del cambio climático. Sin embargo, tal y como confirman varios estudios, el aumento de la temperatura global ha añadido una dosis de inestabilidad a este sistema y, por lo tanto, complica cada vez más su comprensión. "El aumento de gases de efecto invernadero añade un desequilibrio energético en el sistema climático. Esa energía extra se traduce en una atmósfera más cálida y con más humedad, lo que genera fenómenos meteorológicos potencialmente más intensos y que, además, en ocasiones son más difíciles de anticipar", explica Del Campo en una entrevista con EL PERIÓDICO.

"El aumento de gases de efecto invernadero añade un desequilibrio energético en el sistema climático"

Rubén del Campo

— Meteorólogo

En la práctica, el hecho de tener una "atmósfera con energía extra" implica un mayor riesgo de formación de tormentas que se desarrollan más rápido, duran más o se comportan de manera inesperada. Lo que antes era raro, como que una tormenta se intensifique súbitamente en pocas horas, empieza a ser más habitual. Y esto, advierten los expertos, supone un auténtico reto de cara a anticiparse a este tipo de fenómenos. Un reciente informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA) alerta de que la intensificación rápida de ciclones tropicales se ha duplicado desde 1980, haciendo más difícil su pronóstico y la planificación de emergencias. En Europa, y especialmente en la región mediterránea, se ha visto que el cambio climático está amplificando fenómenos como las lluvias torrenciales asociadas a las danas.

Predicciones más complejas

En un mundo donde la atmósfera se comporta de forma cada vez más caótica, los modelos numéricos, por muy sofisticados que sean, se enfrentan a un panorama más impredecible. Según un estudio publicado en Geophysical Research Letters (2022), el aumento de la temperatura del aire y del mar está alterando la estabilidad atmosférica y favoreciendo un tipo de convección más profunda y caótica, lo que lleva a tormentas cada vez más impredecibles. En climas más cálidos, por ejemplo, se ha observado que las tormentas no solo son más intensas sino también más rápidas en su formación. Según explica el meteorólogo estadounidense Harold Brooks, del National Severe Storms Laboratory, en reciente informe sobre la cuestión, este fenómeno “estrecha la ventana de predicción” y, en algunos casos, “reduce el tiempo que tenemos para detectarlas y advertir a la población”.

Varios estudios apuntan a que los huracanes se están intensificando de forma más rápida y más impredecible que hace unas décadas

El ejemplo más ilustrativo es el caso de los huracanes. "Con aguas oceánicas muy cálidas, los huracanes en algunos casos se intensifican de manera muy rápida, pasando de tormenta tropical a huracán de categoría 3, 4 o incluso 5 en pocas horas. Algo que hace unas décadas era absolutamente extraordinario y ahora se ve con más frecuencia", comenta Del Campo. Estas transiciones súbitas son difíciles de captar a tiempo incluso con los mejores modelos, porque dependen de pequeñas fluctuaciones en las condiciones atmosféricas y oceánicas y, muchas veces, la influencia del cambio climático en estos elementos también puede complicar su diagnóstico.

Mejora de los modelos

Otro factor a tener en cuenta es que, actualmente, muchos modelos meteorológicos tienen una resolución espacial que no siempre permite captar estas variaciones tan finas de factores climáticos y, por lo tanto, no siempre logran anticiparse de forma clara ante algunos fenómenos localizados. Como explican desde el European Centre for Medium-Range Weather Forecasts (ECMWF), los modelos globales funcionan bien en grandes escalas, pero pierden precisión en eventos de alta intensidad y corto alcance como una supercélula o una tormenta convectiva aislada. "Para representar bien estos fenómenos, hacen falta modelos de muy alta resolución y una enorme capacidad de cálculo", insisten los investigadores, quien piden seguir reforzando todas las herramientas que permitan mejorar los modelos de predicción meteorológica.

La buena noticia es que, mientras los fenómenos se vuelven más extremos, también lo hacen las herramientas para observarlos y predecirlos. "Tenemos mayores conocimientos de la atmósfera, mejores sistemas de observación y más capacidades de supercomputación para predecir este tipo de fenómenos", destaca Del Campo. En los últimos meses, por ejemplo, se ha puesto en órbita el Meteosat de tercera generación, capaz de generar datos en alta resolución cada 2,5 minutos. A eso se suma la renovación de la red de radares meteorológicos en España y la irrupción de la inteligencia artificial, que ya empieza a aplicarse en la predicción del tiempo con resultados prometedores. Ya existen varios proyectos como GraphCast de Google DeepMind o Pangu-Weather de Huawei que han demostrado que la inteligencia artificial puede generar predicciones más rápidas e incluso más precisas que los modelos tradicionales en algunos escenarios.

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