Mi fábrica de sueños

Centenario Terry

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fee efe / L. O.

Pascual Vera

En los años 60 y 70, con la censura vigilando cada centímetro de piel que se desvelaba en televisión, resultaba casi insólita la imagen de aquella rubia emulando a Lady Godiva montando a pelo un caballo tordo por las marismas del Guadalquivir, con una camisa blanca que mitigaba el supuesto desnudo, pero que dejaba muchísimo a la imaginación de aquellos espectadores educados entre episodios de Bonanza, El Fugitivo y El Santo, y en el que TVE acababa cada jornada con aquel El alma se serena con el que intentaban mantener a raya los pensamientos más concupiscentes del españolitos de a pie.

Pocos anuncios hay más machistas que los del coñac, y éste no era una excepción: «Centenario y... a por todas», concluía el anuncio, dirigido exclusivamente a los hombres.

El spot fue todo un referente de un momento histórico, y su imagen se convirtió en etiqueta de la marca, y en uno de los más recordados e imitados de todos los tiempos.

Magrit Kocsis, aquella chica veinteañera que supuso la ensoñación de tantos españoles, era hija de un húngaro y una holandesa, se crió en la isla de Java y, aunque hizo algo de cine (alguna cinta emulando el lema del anuncio: El fútbol no es cosa de hombres) su pasión y su dedicación estuvo dirigida al arte, la pintura, a la que se dedicó siempre.

Aunque siempre sea una palabra demasiado ampulosa en su caso, porque murió muy pronto, a los 43 años, en 1988. Doy fe de que su pintura era elegante y exquisita.