04 de noviembre de 2020
04.11.2020
La Opinión de Murcia
Crisis del coronavirus

"Fatigado y sin aire, vi las orejas al lobo antes de ingresar"

Pacientes hospitalizados por covid-19 relatan su pesadilla y su temor a morir por el virus

04.11.2020 | 13:08
Un sanitario comprueba la vía de Juan José Gil, de 72 años.

El frente de batalla. La lucha contra el coronavirus en Valencia se intensifica en la zona UCI y en la planta del Hospital General reservadas para enfermos de Covid-19.

Dos camas acaban de quedar libres en la planta del Hospital General de Valencia reservada para pacientes con coronavirus, una la de un positivo que ha sido dado de alta tras días ingresado, la otra de un enfermo que no ha podido superar el mortífero virus que ya se ha cobrado la vida de 1.862 valencianos desde el comienzo de la pandemia.

Dos formas bien distintas de abandonar el campo de batalla en el que a diario combaten médicos, enfermeros, auxiliares y celadores, quienes en esta segunda fase de la contienda comienzan a ver que el enemigo se está cobrando muchas más víctimas de las previstas y a un ritmo que no se esperaban. «Nos habían hecho creer después del verano que la carga viral en esta segunda fase era menor, de ahí que hubiera tanto asintomático, pero no es lo que estamos viendo nosotros en el hospital, en clara curva ascendente de pacientes graves», advierte un sanitario del Hospital General de Valencia.

Aunque la Conselleria de Sanitat no aclara cifras actualizadas de ocupación en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital General de Valencia, uno de los más castigados durante la primera fase de la pandemia, Levante-EMV ha podido hablar con algunos de los enfermos por coronavirus hospitalizados en dicho centro — aquellos cuyo estado y ánimo se lo permitía — para saber cómo están viviendo su día a día en este combate contra el virus.

Una semana en la UCI

Para Milton César Aquino, de 42 años, esta situación no es nueva. Ya estuvo ocho días hospitalizado en Algeciras el pasado mes de marzo durante la primera ola de la pandemia, al detectarle el virus cuando se encontraba trabajando como soldador en un barco petrolero. En aquella ocasión superó la enfermedad sin problemas pero esta vez confiesa que está siendo «mucho peor». De hecho lleva una semana ingresado en la UCI del Hospital General de València, intubado, con neumonía y graves problemas estomacales.

«Entré por una infección en el estómago, el médico de cabecera no sabía si era o no por covid, pero tras hacerme la prueba y pasar a un principio de neumonía se confirmó lo que me temía», explica Milton. En su caso parece que haber padecido ya el virus, en vez de desarrollar anticuerpos, ha agravado su estado en este segundo contagio. La otra vez apenas estuvo ocho días ingresado, no en UCI, y tras permanecer 40 días en aislamiento y tras tres pruebas negativas, le dieron autorización para volver al trabajo. «Espero que ahora también salga de ésta», reconoce antes de que se lo llevan para hacerle unas pruebas.

En lo que coinciden muchos ingresados por covid es en la sensación de fatiga y extenuación que tenían antes de su ingreso, incluso en aquellos que practican deporte a diario como es el caso de María José Pérez. «No soy fumadora y hago natación, pilates y voy al gimnasio regularmente», explica esta mujer de 61 años, trabajadora de una joyería, y quien permanece ingresada por covid desde el pasado domingo por la noche tras once días con temperaturas altas, fiebre y que derivaron en una neumonía.

«Lo he pasado fatal, llevaba días sin poder comer nada, con dolores de estómago y descomposición», relata esta paciente mientras observa a través del ventanal de su habitación del hospital, que comparte con otra mujer de 67 años que estaba ingresada por otras patologías y que se contagió en el propio centro hospitalario por una visita de un positivo. María José dio positivo cuando todavía no presentaba síntoma alguno. «Me hice una PCR porque me iba a ir de vacaciones a visitar a una amiga en Antequera y quería estar segura que no tenía el dichoso virus», explica. Su acción evitó que pudiera contagiar a otras personas y desde entonces se aisló en su domicilio.

Su estado empeoró el pasado viernes. «Esos tres días que pasé antes de que me ingresaran en el hospital no se los deseo ni a mi peor enemigo», confiesa, «me estaba volviendo loca».

Miedo a morir

Estando solo en casa, aislado para no exponer a otras personas al contagio, fatigado y con esa sensación de falta de aire, «como si no pudieras respirar», Antonio admite que sintió miedo. «No soy una persona miedosa pero vi las orejas al lobo antes de que me ingresaran en el hospital». Este policía local de 56 años, destinado en la central de Valencia en segunda actividad, se recupera poco a poco en una habitación de la planta de enfermos covid. El oxígeno y la medicación — ibuprofeno y antiestamínicos — han conseguido que su estado mejore.

Los primeros síntomas aparecieron el domingo 25 de octubre. «Los achaqué a un resfriado», admite Antonio. Después vino la pérdida del gusto y el olfato, y el pasado fin de semana la situación se agravó. «Cualquier mínimo esfuerzo se me hacía un mundo, hasta calentarme un vaso de leche», reconoce. «No he sido un corredor de fondo, pero nunca he tenido problemas respiratorios», explica.

Juan José Gil, un vecino de Torrent de 72 años, también ingresado por covid en el Hospital General, dice sentirse «más espabilado», pero critica que tenga que estar así por la inconsciencia de aquellos que «van por la calle sin mascarilla y no respetan nada». «Y aquí hay personas que están dando su vida por nosotros», remarca.

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