14 de mayo de 2020
14.05.2020
La Opinión de Murcia
Gestionando hijos

"Seguridad, afectividad y confianza", claves para que los niños duerman bien

El especialista en sueño Gonzalo Pin analiza cómo afecta el confinamiento a la hora de dormir

14.05.2020 | 09:21
"Es normal que durante el confinamiento nuestros hijos duerman mal".

Da igual la edad, hay algo que, tanto niños como adultos, estamos viendo afectado de forma bastante generalizada durante este confinamiento, y es el sueño. Pero no hablamos solo de insomnio, sino también del aumento de pesadillas y sueños extraños, de una mayor dificultad de los niños para dormirse ellos solitos, más despertares durante la noche...

Sobre esto hablamos con el doctor Gonzalo Pin, médico pediatra del hospital Quirónsalud de València, y especialista en el sueño.

Gonzalo, ¿qué le podemos decir a los padres y madres que están preocupados porque están viendo que a sus hijos les está costando conciliar el sueño, están teniendo pesadillas, se levantan muy cansados al día siguiente...?
Es muy importante transmitir a los padres que eso es normal, que es una respuesta fisiológica completamente saludable y normal en los niños, igual que en los adultos. Cuando nos vamos a la cama, nos vamos con la mochila de lo que hemos hecho durante el día, y el sueño lo estamos preparando durante todo el día. Dormimos según vivimos y vivimos según dormimos. Y nuestra forma de vivir ha cambiado totalmente, el niño ha perdido todos sus referentes sociales: ya no va al colegio, ya no juega en el parque con sus amigos, ya no está en el patio... tiene una serie de señales externas que van adecuando su reloj interno al medioambiente donde vive. Entonces ahora se está produciendo un desajuste entre el reloj interno y las señales que recibe, por eso están un poco desorientados. Si los niños no hubieran reaccionado a estos cambios, entonces nos tendríamos que haber preocupado.

Si mi hijo cambia su forma de dormir o de comportarse durante el día ante estos cambios, mi hijo, de forma saludable, está respondiendo al medioambiente. Que responda mejor o peor ya es otro cantar. Entonces, ¿es normal que mi hijo duerma peor? Evidentemente. ¿Es normal que mi hijo tenga más miedo a irse a la cama? Evidentemente, porque lo que estamos transmitiendo, aun sin darnos cuenta, es inseguridad.

¿Qué papel tenemos los padres en esto? ¿Podemos ayudar a nuestros hijos a dormir mejor?
Para que un niño duerma bien necesita tres cosas: seguridad, una buena afectividad y confianza en que el mundo está controlado. Y en este caso, especialmente la confianza y la seguridad, están un poco trastocadas. Entonces el niño o la niña va a necesitar que sus padres le den más seguridad y más confianza.

Durante estas últimas semanas hemos llevado a cabo una encuesta a familias, y tenemos 12.900 respuestas, que son muchísimas. En esta encuesta preguntábamos cómo dormían sus hijos antes del confinamiento y cómo duermen ahora durante el confinamiento. Estamos empezando a interpretar todas estas respuestas, pero ya podemos ver algunos datos interesantes. Por ejemplo, que han aumentado las pesadillas, los niños que tienen miedo a la oscuridad, que les cuesta dormir solos y quieren dormir en la cama con alguien... Esta es la respuesta que, de entrada, nosotros suponíamos que íbamos a obtener, y se debe a lo que comentaba antes, a que la afectividad, la confianza y la seguridad se han trastocado.

Algo que parece que está siendo bastante compartido son las pesadillas y los sueños extraños y muy vívidos, ¿a qué se debe esto?
Claro, aquí lo que ocurre es que cuando nos vamos a la cama, como decía, nos vamos con la mochila de todo el día. Entonces, esa inseguridad que sienten los niños (y los adultos también) conlleva un sueño más inquieto, más superficial, con más micro despertares... Además, el sueño de todo ser humano tiene tres componentes: uno puramente biológico, un componente psicológico y un componente social, del ambiente en el que está. Los tres componentes tienen que mantener un equilibrio, un equilibrio que es inestable y va variando en cada etapa del desarrollo del niño. En este momento, la parte biológica se mantiene, pero la parte psicológica y la social se han visto alteradas, entonces esto repercute también en cambios en el componente biológico.

Y es que las hormonas funcionan de una manera determinada en función del contexto, y ese contexto ha cambiado mucho, por eso tanto adultos como niños estamos teniendo un sueño más inquieto, con más interrupciones y pesadillas, especialmente en aquellos que tengan antecedentes familiares de pesadillas, terrores nocturnos, sonambulismo... porque esto tiene una carga genética.

Hay madres y padres que nos han comentado que niños que ya habían "avanzado" en ciertos aspectos, ahora han vuelto a, por ejemplo, mearse en la cama, a reclamar a sus padres por la noche...
Estas regresiones son absolutamente normales. Por ejemplo, el niño que era sonámbulo y ya había dejado de levantarse, si hay un factor desencadenante como es este confinamiento, pues tiene más probabilidades de que reaparezca este sonambulismo. Y, en segundo lugar, cuando el ser humano se encuentra en una situación de inseguridad lo que hace es volver a una situación de seguridad, hace una regresión a etapas más inmaduras. Entonces, por ejemplo, el control de orina que había conseguido vuelve a no tenerlo.

Es importante dejar claro que esto es normal y que lo que no podemos hacer es confundirlo con una enfermedad o un problema patológico. No es un problema patológico, es una respuesta a este cambio ambiental que, si manejamos bien, transmitiendo seguridad y afectividad al niño, no teniéndolo sometido todo el día a información sobre la pandemia, etc., cuando pase esta situación, poco a poco, regresará a la normalidad.

Si sometemos a los niños a mucha información, estamos todo el tiempo preocupados y transmitiéndoles esa preocupación continuamente, es normal que sientan esa inseguridad.

Algo que se recomienda mucho para los adultos y niños más mayores que no pueden dormir es la ingesta de melatonina...
A la melatonina hay que tenerle un respeto. Es un producto natural, pero lo natural también ha de respetarse y saber lo que manejamos. Se trata de una neurohormona que actúa a nivel celular en todo nuestro organismo, no solo para el sueño: es antioxidante, es antiinflamatorio, tiene muchas propiedades. Una de esas propiedades es que regula los ritmos circadianos, pero es más importante cuándo tomo la melatonina, porque la debo tomar a la hora circadiana que va al acerbo con mi cuerpo, que cuánta tomo. Y además tengo que ser consciente de que cuando yo tomo melatonina o le doy melatonina a un niño, se la estoy dando a su hígado, a su páncreas, a su corazón...

Es importante también que distingamos entre tener problemas con el sueño y tener trastornos del sueño. Los problemas con el sueño son fundamentalmente de origen diurno, son de tipo educativo, entonces el abordaje no puede ser tomar una pastilla o tomar unas gotas de melatonina, el abordaje es más complejo.

Una persona debe tomar melatonina bajo prescripción facultativa y bajo control médico, a corto plazo, y siempre y cuando esté mejorando la higiene del sueño, los niveles educativos, los ritmos, la exposición a la luz, alimentación...

Hay cosas que sirven para poco en lo relativo al sueño, como la parsiflora o la valeriana, y la gente se piensa que sirve para mucho. Pero no es así, porque para que esto sea eficaz se tiene que tomar bastantes horas antes del sueño, durante varios días de forma continuada... pero no eso de "me tomo una valeriana y me voy a dormir".

Además, tenemos muy pocos estudios que hablen sobre los efectos de la melatonina a medio y largo plazo cuando se toma de manera irregular, es una neurohormona muy complicada de manejar.

¿Qué consejos nos das para poder tener, o al menos intentarlo, un sueño reparador en esta etapa de confinamiento? Tanto nosotros como nuestros hijos, claro...
Son muy importantes las rutinas de acciones, y no solo qué hacer, sino cuándo hacerlo. Hay que exponer a los niños a la luz, que tengan actividad física y actividad intelectual, especialmente por las mañanas. Que tengan unos horarios regulares de alimentación y que las cenas sean un par de horas antes de irse a la cama.

Y en niños más pequeños hay una cosa que es fantástica: contar historias, ya no leer cuentos, sino contar historias. La transmisión de la cultural oral, que ha hecho durante millones de años la humanidad, es uno de los mejores mecanismos para desactivar al niño y facilitar el sueño.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Noticias relacionadas