Entre veinte y cincuenta toneladas métricas de basura electrónica -como se denomina a los restos de ordenadores obsoletos, teléfonos móviles y otros aparatos electrónicos en desuso- son generadas en el mundo cada año, según datos del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA).

Plomo, cadmio y mercurio son algunos de los elementos que integran los aparatos electrónicos y que pueden resultar muy contaminantes si la eliminación de estos desechos no se hace de forma adecuada.

"El consumo de aparatos electrónicos como televisores y celulares es muy dinámico y está teniendo un incremento exponencial", dijo el ministro de Medio Ambiente uruguayo y presidente saliente de la Conferencia de las Partes, Mariano Arano, en una rueda de prensa la víspera de la inauguración del encuentro.

"El problema es saber si se contará con la transferencia de tecnología que los países en vías de desarrollo necesitan para hacer compatible el crecimiento económico y la creación de empleo con un desarrollo que sea sostenible desde el punto de vista ambiental", agregó Arano.

Según la coalición de organizaciones no gubernamentales Red de Acción de Basilea (BAN en inglés), Africa se ha convertido en el mayor receptor mundial de equipamiento electrónico obsoleto.

Sólo en Lagos, un estudio hecho por BAN cifró en 500 el número de contenedores que llega cada mes a la capital económica de Nigeria, con una carga de hasta 800 monitores de ordenador como media.

De acuerdo a ese estudio, BAN estima que una cantidad de basura electrónica equivalente a 100.000 computadoras o 44.000 televisores estaría entrando en Africa cada mes a través de Lagos.

Otro de los temas centrales del encuentro será el transporte ilegal de materiales peligroso a países vulnerables, como los africanos, que tienen escasos medios para hacer frente a este tipo de desastres, algo que se ha puesto de manifiesto muy recientemente con el vertido tóxico ocurrido en Costa de Marfil en agosto pasado.

El desastre sucedió cuando la compañía local de eliminación de desechos industriales Tommy descargó de un buque fletado por una compañía holandesa y vertió en varios sitios de Abiyán, unas 500 toneladas de lavazas de petróleo y detergente, que liberaron una gran cantidad de sulfuro de hidrógeno al entrar en contacto con el aire.

La nube tóxica que se elevó sobre la capital económica de Costa de Marfil causó la muerte de diez personas e intoxicó a otras 100.000, según datos del ministerio de Salud Pública del país.

"La tragedia de Costa de Marfil nos recuerda que los residuos peligrosos continúan suponiendo graves riesgos para la salud humana y el medio ambiente", dijo el director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner.

Otros asuntos que coparán la agenda de la reunión incluyen el problema que plantea el desmantelamiento de barcos viejos, que pueden liberar sustancias peligrosas a la naturaleza.

También se explorarán mecanismos financieros que puedan reforzar el cumplimiento de la Convención ya que ésta, a diferencia de lo que ocurre con otros tratados internacionales, como el Protocolo de Kioto, no dispone de ninguna herramienta de financiación.

Ratificada por más de 160 países y en vigor desde 1992, la Convención de Basilea sobre el Control de Movimientos Transfronterizos de Desechos Peligrosos y su Eliminación tiene por objeto proteger la salud humana y el medio ambiente de los efectos adversos derivados de la producción, transporte y eliminación de esos residuos.

El tratado regula desechos tóxicos, venenosos, explosivos, corrosivos, inflamables e infecciosos.