La primera época de la cronología de la Cofradía del Cristo del Socorro, constituida en el año 1691, no podría entenderse sin dirigir la mirada a los orígenes, mucho más antiguos, de su primitivo y desaparecido (1936) Cristo Crucificado, localizado tiempo ha en el foco devocional de nuestra querida Catedral.

Desde el punto de vista artístico, todo apunta su gubia al entorno del escultor y arquitecto Jerónimo Quijano (1500-1563), siendo ya conocida nuestra imagen en el siglo XVI como ‘Cristo Antiguo’ o ‘Cristo Moreno’. Sus orígenes, igualmente, vienen acompañadas por una serie de leyendas surgidas del pueblo que nos hablan de que la imagen fue encontrado corriente abajo en un río de la Diócesis Carthaginensis, flotando en el mar o en las bodegas de un barco abandonado que iba la deriva, siendo en todos los casos llevado después a la iglesia mayor. Igualmente, las mismas constituciones fundacionales de la cofradía, citado por Fray Pedro de Córdoba, llegan a sugerir su llegada a la ciudad «por las manos de los ángeles». Todas estas leyendas recuerdan, por su parecido, a las que acompañan a la Virgen del Rosell, que durante muchos siglos fue vecina de capilla del Cristo Moreno.

Tildado de milagroso también, se le atribuye su divina intercesión en numerosas ocasiones, como el caso de dos galeras de Su Majestad, las cuales, ante una situación extrema, se encomendaron al Cristo Moreno llegando sus tripulaciones sanas y salvas a puerto.

Igualmente, su marcado cromatismo cetrino, fruto de las particularidades de la madera de la talla y del humo constante de los cirios de la capilla, le aportaban cierto aspecto tétrico y tenebroso, hecho que disparará la leyenda que a nuestro primitivo Cristo le crecían las uñas. Unos milicianos destruyeron en septiembre de 1936 todo lo que encontraron dentro de la Catedral, pero en el caso de este Cristo esperaron dos días para ver si era verdad lo de las uñas y después, como sucedió, destruirlo a hachazos. Otro relato popular fue que un marinero de La Algameca vio un crucifijo flotando en el mar y al acercarse a recoger se encontró con el cadáver de un hombre, que era uno de los que había participado en la destrucción de la imagen.

Por su parte, encontramos numerosas referencias a lo largo de los siglos XVI y XVII que citan al santísimo Cristo protagonizando las mañanas de Viernes Santo, donde, con las primera luces del alba, nuestro primitivo Titular, partiendo de la Catedral y saliendo extramuros, era trasladado hacia el convento de San Ginés de la Jara.

Posteriormente, localizamos episodios donde lo ubicamos, también los Viernes Santos, presidiendo el ‘Sermón del Paso o de las Siete Palabras’ en la plaza de Santa Catalina (actual plaza del Ayuntamiento).

Es evidente que todos estos actos giran en torno a una institución. Todos los indicios apuntan a la Hermandad del Santo Cristo Crucificado, nomenclatura citada en documentos notariales de 1643 y 1647, y donde nos consta igualmente su participación en la procesión del Viernes Santo de la Semana de Pasión del año 1646, utilizando sus cofrades túnicas de bocasíes negros.

Pese a todo, donde realmente observamos todo un continuo de fervor popular hacia nuestro desaparecido Cristo será en las célebres rogativas de aguas donde, entre otras imágenes, será trasladado fuera de su templo a instancias del concejo de la ciudad, venerándose mediante novenas en conventos o ermitas del recinto o su entorno.

Al día de hoy podemos testimoniar los siguientes años y destinos:

– 1611: Convento de San Ginés de la Jara / Ermita de Santa Lucía.

– 1615, 1618 y 1621: Ermita de San José.

– 1632: Ermita de Santa María de Gracia.

– 1643: Monasterio de Monjas Concepcionistas.

– 1645: Convento de San Diego.

– 1689: Convento de San Francisco.

Será en este último traslado donde se iniciará el punto de partida que dará pie a la fundación dos años más tarde de la Ilustre Cofradía de la Hermandad de Caballeros del Santísimo Cristo del Socorro. La enfermedad del infante Manuel, el dolor de unos padres y el ruego de la anhelada curación del niño dará pie al comienzo de una increíble historia.