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Bienestar

La salud ginecológica no es igual a los 20 que a los 50: qué debes revisar en cada etapa

Las necesidades médicas no son las mismas en la adolescencia que en la etapa fértil o en la perimenopausia, y por eso los especialistas insisten en la importancia de adaptar los controles a cada momento vital

Un grupo de mujeres de distintas edades.

Un grupo de mujeres de distintas edades. / L. O.

La Opinión

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La salud ginecológica cambia con los años. Las necesidades médicas no son las mismas en la adolescencia que en la etapa fértil o en la perimenopausia, y por eso los especialistas insisten en la importancia de adaptar los controles a cada momento vital.

“Las revisiones ginecológicas no deben hacerse solo cuando hay síntomas. Muchas patologías no dan señales en fases iniciales, y ahí es donde la prevención marca la diferencia”, explica la doctora Solanye Navas, ginecóloga del Hospital Quirónsalud Murcia.

Adolescencia: resolver dudas y detectar alteraciones precoces

La primera visita al ginecólogo suele recomendarse entre los 15 y los 20 años, especialmente si han pasado al menos dos años desde la primera menstruación o si existen reglas muy dolorosas, irregulares o excesivamente abundantes o se ha iniciado las relaciones sexuales.

En esta etapa, el objetivo principal es comprobar que el desarrollo hormonal es adecuado y descartar trastornos como el síndrome de ovario poliquístico o alteraciones endocrinas.

“La consulta en adolescentes debe centrarse en informar, tranquilizar y prevenir. Es fundamental explicar cómo funciona el ciclo menstrual y cómo protegerse frente a infecciones de transmisión sexual”, señala la doctora Navas.

De los 20 a los 30 años: prevención del VPH y planificación reproductiva

Con el inicio de la vida sexual activa, la prevención del cáncer de cuello uterino adquiere especial relevancia. Antes de los 25 años debe promoverse la prevención primaria del cáncer de cuello uterino, y recomendar la vacunación VPH, así como difundir medidas de salud destinadas a la planificación familiar y prevención de otras enfermedades de transmisión sexual. A partir de los 25 años se recomienda comenzar el cribado mediante citología periódica o test de VPH, según protocolo.

“El Virus del Papiloma Humano es muy frecuente y, en la mayoría de los casos, se elimina solo. Pero en algunos puede provocar lesiones precancerosas. Por eso el control periódico es fundamental”, explica la ginecóloga.

Las revisiones incluyen exploración ginecológica, control mamario y asesoramiento anticonceptivo individualizado.

De los 30 a los 45 años: seguimiento ginecológico y salud integral

A partir de la treintena se mantienen las revisiones anuales y el cribado del cáncer de cérvix, pero el enfoque se amplía hacia una visión más global de la salud femenina.

En esta etapa es frecuente el seguimiento de miomas, quistes ováricos o alteraciones hormonales. También aumenta la importancia del control mamario. “La prevención debe adaptarse a cada perfil y antecedentes familiares”, indica la doctora Navas.

A partir de los 45-50 años: perimenopausia y cambios hormonales

La transición hacia la menopausia conlleva cambios hormonales que pueden provocar alteraciones en el ciclo, sofocos y mayor fragilidad ósea. “En esta fase es recomendable valorar la densidad mineral ósea para descartar osteopenia u osteoporosis, sobre todo en mujeres con factores de riesgo”, explica la especialista, “además de mantener los programas de mamografía periódica y el seguimiento ginecológico”.

Láser ginecológico: innovación para mejorar el bienestar íntimo

En los últimos años, la ginecología ha incorporado nuevas herramientas terapéuticas dirigidas no solo a tratar enfermedades, sino también a mejorar la calidad de vida de las mujeres. Entre ellas destaca el láser vaginal, una técnica mínimamente invasiva indicada para abordar determinados síntomas relacionados con cambios hormonales, partos o envejecimiento del tejido vaginal.

“El láser ginecológico actúa mediante energía térmica controlada que estimula la producción de colágeno y favorece la regeneración de la mucosa vaginal. Esto permite mejorar la elasticidad, la hidratación y el tono del tejido”, explica la doctora Solanye Navas.

Este tratamiento puede estar indicado en mujeres que presentan atrofia vaginal, especialmente asociada a la menopausia, cuando la disminución de estrógenos provoca pérdida de elasticidad y lubricación en la mucosa. También puede recomendarse en casos de sequedad vaginal persistente que genera molestias o dolor durante las relaciones sexuales, así como en situaciones de leve incontinencia urinaria de esfuerzo. Además, algunas mujeres consultan por sensación de relajación vaginal o pérdida de firmeza vaginal tras el parto, un síntoma que puede mejorar con esta tecnología. Se trata de alteraciones frecuentes que, aunque muchas veces se normalizan, pueden afectar de manera significativa al bienestar físico, íntimo y emocional.

“Muchas pacientes normalizan estas molestias y no las comentan en consulta. Sin embargo, existen soluciones que pueden mejorar significativamente su calidad de vida”, subraya la especialista.

El láser vaginal es un procedimiento ambulatorio, no quirúrgico y generalmente indoloro. Se realiza en consulta, no requiere ingreso hospitalario y la paciente puede retomar su actividad habitual en poco tiempo.

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