04 de febrero de 2020
04.02.2020

La Fontana Di Trevi, una fuente monumental

04.02.2020 | 04:00
La Fontana Di Trevi, una fuente monumental

La Fontana di Trevi es la fuente más monumental de Roma y una de las más hermosas del mundo. La historia de esta fuente se remonta a los tiempos del emperador Augusto. Según la leyenda, fue una misteriosa doncella la que indicó al general Agripa el emplazamiento del manantial, en las afueras de Roma. Para traer el agua a la ciudad, Agripa construyó un acueducto (terminado el año 19 a.C.), que en honor de aquella doncella se llamó Acqua Virgo.

La monumental fuente que hoy admiramos fue construida en el siglo XVIII por un hombre casi desconocido, llamado Nicola Salvi, que sorprendió a todo el mundo con este diseño asombroso. Los trabajos para su construcción se prolongaron durante 30 años y acabaron arruinando la escasa salud de Salvi, que murió sin poder acometer otros proyectos y sin ver terminada su hermosa fontana.

Las gradas que descienden hasta el estanque suelen estar siempre llenas de turistas, que permanecen un buen rato contemplando el espectáculo diseñado por Salvi: un canto al agua y a la vida, que transmite su optimismo a todos los que lo visitan.

No es casualidad que sea aquí donde surgió la costumbre de arrojar una moneda al estanque para asegurar el retorno a la Ciudad Eterna. Todos saben que el rito carece de fundamento, pero ¿cuántos son capaces de resistirse?

La visita te llevará el tiempo que quieras dedicarle: desde 5 minutos a media hora. Te recomendamos que pases por allí al menos un par de veces: una de día, con el monumento lleno de gente, y otra por la noche. El monumento está muy bien iluminado y podrás contemplarlo con más calma.

La costumbre romana de construir una bella y hermosa fuente al final de los acueductos que traían agua a la ciudad fue resucitada en el siglo XV, con el Renacimiento. En 1453, el papa Nicolás V terminó de reparar el acueducto Aqua Virgo y la fuente que construyó al final fue una simple pila, diseñada por el arquitecto humanista Leon Battista Alberti, para anunciar la llegada del agua.

En 1867 durante la visita de Carlota de México cuando acudió a entrevistarse con el papa Pío IX comenzó a manifestar síntomas de locura y a decir que la querían envenenar y usó la fuente Trevi para tomar agua ya que era la única agua que pensaba que no estaba envenenada.

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