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Salud infantil

Los niños con trastornos del neurodesarrollo tienen mayores niveles de malestar emocional

La frustración por el sentimiento de «ser diferente» puede estar relacionada con la dificultad de regular las emociones entre estos menores, según un estudio, que indica que las niñas presentan más problemáticas de ansiedad, depresión y transgresión de las normas

Mari Aguilera, doctora en Psicología de la UB y coautora del estudio

Mari Aguilera, doctora en Psicología de la UB y coautora del estudio / PAU GRACIÀ

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Fidel Masreal

Tras analizar a unas 300 familias con menores de entre 6 y 12 años con diagnósticos relacionados con el neurodesarrollo, un estudio ha comprobado la existencia de más casos de depresión y ansiedad entre estos menores que en la población general de esta edad. Las causas tienen que ver, según los investigadores, con los problemas de las relaciones sociales y las dificultades propias de estos trastornos. Y se ha comprobado que entre las niñas la problemática es mayor.

A través de encuestas tanto a los menores como a sus familias, se ha demostrado que a medida que se suman más neurodivergencias (TDAH, dislexia, trastorno del desarrollo del lenguaje), el impacto emocional es mayor. Y se constata que estas neurodivergencias generan dificultades en el día a día, y esto puede generar estos sufrimientos, en especial en el contexto escolar. De hecho los problemas sociales de estos menores son más frecuentes que en el resto de niños. Se trata de casos de rechazo o aislamiento en determinadas actividades. En definitiva, el nivel de aceptación de estos menores.

«Una mayor dificultad en el día a día hace que algunos de estos menores acaben teniendo más sufrimiento», explica la doctora en Psicología Mari Aguilera, una de las autoras del estudio, de la Fundación La Caixa -junto a Nadia Ahufinger, y de la UOC, y Ernesto Guerra, de la Universidad de Chile.

La clave: la regulación emocional

Entre estos niños, la dificultad para regular las emociones es la que puede llevar a que presenten más síntomas de este tipo que el resto de los menores de su edad. Y eso se traduce en más irritabilidad, rabietas, más dificultad de identificar lo que les pasa.

Su neurodivergencia puede generar una cierta frustración, según explica Aguilera: «Los niños se comparan y ven que les cuesta más el ejercicio o se lo tienen que adaptar, y esto pone más veces en juego su capacidad de regularse, pero debemos acabar de verificar este extremo».

Afecta más a las niñas

En cuanto a las niñas, el estudio ha notado mayores dificultades respecto a los niños en indicadores como la ansiedad, depresión y transgresión de normas, en especial cuando tienen dos o más diagnósticos en el area social y atencional. Los autores tienen varias hipótesis al respecto: muchas niñas están infradetectadas y las que han acudido al estudio tenían una problemática compleja, según Aguilera, que considera clave la mirada de género y preguntar qué está pasando con las niñas. «El estereotipo nos indica que las mujeres desde pequeñas debemos ser correctas, calladas, comportarnos bien, y las que salen de aquí son muy penalizadas a nivel social», añade la doctora en Psicología.

Las familias, también afectadas

«No podemos abordar al menor sin su contexto, el enfoque incorporó a sus padres y madres, también sobre ellos, y una madre nos dijo que era la primera vez que le preguntaban cómo se sienten», apunta la investigadora. El cuestionario de síntomas de ansiedad, estrés y depresión, no había muchas diferencias respecto a otras madres sin menores con estas neurodivergencias. Pero cuando se trata de dos o más diagnósticos, aumentan los síntomas depresivos. «Tienen mucha sobrecarga -destacada Aguilera-, hay un malestar continuado, y a la hora de hacer los deberes con su hijo es un momento difícil de gestionar emocionalmente, se encargan de todos los tratamientos, y los padres evitaban estas situaciones con alta emocionalidad». El 88% de las personas adultas que participaron en el estudio fueron mujeres.

Ayudar a ayudar

La investigación recomienda fomentar la educación emocional de niños y familias. «Las familias, las madres, necesitan recursos para afrontar estas situaciones difíciles del día a día, debemos dárselos para que ellas ayuden a sus menores a gestionar mejor las emociones y que los trastornos no lleven a este malestar, porque no tienen por qué causarlo». De hecho, el próximo estudio se dedicará a hacer una intervención piloto para tratar el componente emocional y de lenguaje y también ayudar a las familias.

Recomendaciones

Aguilera recomienda en la medida de lo posible que en el día a día se pueda parar, hablar, dar espacio a las emociones del menor y del familiar. «Poder identificar lo que siento, darle palabras, poderlo expresar en un contexto seguro de validación, de comprensión y sin ser juzgado; y ofrecer explicaciones alternativas a situaciones que pueden generar malestar», detalla la doctora en Psicología.

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