Rimacuentos, para divertirnos mientras te lo cuento
La reina de la primavera

LA REINA DE LA PRIMAVERA | PIXABAY
Mayte Muñoz Fortuny
En las mañanicas, de Lope de Vega
En las mañanicas
del mes de mayo,
cantan los ruiseñores,
se alegra el campo.
En las mañanicas
como son frescas,
cubren los ruiseñores
las alamedas.
Ríense las fuentes
tirando perlas
a las florecillas
que están más cerca,
Vístense las plantas
de varias sedas,
que sacar colores
poco les cuesta.
Los campos alegran
tapetes varios;
Cantan los ruiseñores
retumba el campo.
*
Como la primavera despierta los jardines,
de un viejo cuento me he acordado,
para que lo leas bajo la sombra de un árbol
o mientras paseas entre flores y pájaros:
Había una vez un reino
donde siempre era primavera.
Los pájaros cantaban alegres
y los insectos se posaban en las flores.
El sol brillaba
y la luz del día
largas horas permanecía.
Las flores de bonitos colores,
el mar azul intenso
y los ríos recorriendo senderos.
Todo parecía tranquilo
y la gente disfrutaba de ello.
Un día, un oso polar
llegó al reino de la primavera.
Venía desde muy lejos,
donde la noche eclipsaba la luz
y donde la oscuridad predominaba
a lo largo del día.
Ocurrió que la reina del invierno
sintió envidia de una rosa
que florecía en el jardín
de la reina de la primavera.
Era la rosa más bella del jardín
y todos, en su reino, la miraban embelesados.
La reina del invierno
mandó a su jardinero
para que cortara y le trajera
tan preciado tesoro.
Pero, cuando el invierno
irrumpe en la primavera
sin respetar el orden natural
de las estaciones,
provoca un caos en la naturaleza.
Pues, tras el largo invierno,
es tiempo de primavera,
de sus flores y sus canciones.
Y la mano helada del jardinero
del reino del invierno
congeló todo el bello jardín
del reino de la primavera.
Tanto se congeló
que ni el jardinero invasor
pudo volver a su reino
con la preciada rosa.
La reina de la primavera,
que estaba dentro de su castillo,
se mantenía aún sin congelar,
pero solo era cuestión de horas
que el helado invierno atravesara
sus anchos muros.
Una avefría, que había seguido al jardinero,
se posó en una de las ventanas del palacio.
Una lágrima de la reina de la primavera
cayó sobre el ave
y la envolvió en calor.
Cuando el ave reemprendió
su vuelo,
fue transmitiendo calor
a todo el reino
y el hielo se fue deshaciendo,
quedando de nuevo el jardín
envuelto en su bonita primavera.
El jardinero
se cegó con el sol
y, al contemplar el río
que discurría por el jardín
y querer atravesarlo,
cayó en sus aguas,
pues no estaban heladas como las de su reino,
y lamentablemente se ahogó.
La avefría, que contempló la situación,
volvió volando a su reino
y, desde entonces,
la reina del invierno permaneció en su jardín
sin intentar cambiar
lo que la naturaleza ha creado.
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