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Psicología infantil

El diagnóstico en educación: ¿A favor o en contra?

El diagnóstico en educación: ¿A favor o en contra?

El diagnóstico en educación: ¿A favor o en contra?

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J. Alejandro López

Orientador educativo, psicólogo y psicopedagogo

Una de las controversias habituales en educación la encontramos en lo relativo al diagnóstico del alumnado ante posibles dificultades y trastornos del aprendizaje y otros trastornos del neurodesarrollo.

La primera controversia se sitúa en el propio término de diagnóstico. Históricamente en educación hemos ido pasando del concepto diagnóstico al de valoración psicopedagógica. Desde un modelo marcadamente clínico a un modelo eminentemente educativo.

El objetivo del diagnóstico es el de identificar criterios y clasificar desde una visión taxonómica el tipo de trastorno o dificultad. Desde esta perspectiva nos centramos en la pregunta: ¿qué trastorno tiene el alumno?

El concepto de valoración parte de un enfoque educativo en el que el objetivo es encontrar las necesidades educativas del alumno, indagando en las dificultades del discente y el contexto donde estas aparecen. La pregunta que nos hacemos es: ¿qué necesidades tiene el discente? La clasificación es vista desde este punto de vista como «un mal necesario» que nos puede acercar a la solución desde el entendimiento de la nomenclatura del problema o trastorno. Necesitamos el diagnóstico como medio para alcanzar el fin, que es responder a las necesidades del alumnado. En definitiva, el diagnóstico no es el fin en sí mismo, sino el medio que nos sitúa ante el problema a solucionar. Sin un diagnóstico acertado, viajamos por el mar de la indecisión y del error, con un diagnóstico apropiado podemos empezar a dar soluciones. La etiqueta por sí misma y como ente independiente poco nos ayuda a dar respuestas, es solo un inicio. Lo importante viene después, en atender a la diversidad del alumnado de la manera más eficaz, conociendo no solo al alumno sino indagando en su entorno y contexto, pues la solución suele hallarse en el medio en el que el menor se sitúa.

Por ello, parece más conveniente utilizar el concepto de valoración en educación ya que pone el foco en las necesidades y en las soluciones y no tanto en el problema o clasificación. El diagnóstico por sí mismo, es necesario pero no suficiente. Este permite a los profesionales tener un lenguaje común y ahorrar tiempo para el entendimiento del caso, pero quedarse solo aquí, no es el camino de la atención a la diversidad.

Por otro lado, existe el «efecto etiqueta» que afecta tanto al propio alumno como a su entorno. Investigaciones científicas parecen comprobar que cuando el profesor conoce el diagnóstico del alumno se produce una peor valoración académica del mismo. Dos estudiantes con el mismo desempeño, pueden ser juzgados de forma diferente si uno tiene diagnóstico y el otro no. Cuando es el propio alumno el que conoce su diagnóstico este puede victimizarse y actuar conforme a él. Otras investigaciones muestran que, en algunos alumnos, se produce una relajación emocional. El alumno puede dar una explicación de su situación, ayudándole a identificar sus fortalezas y debilidades y a utilizar estrategias compensadoras. Por otro lado, un diagnóstico precoz y a tiempo mejora la evolución del trastorno.

El diagnóstico es «un mal necesario». Algo ganamos y algo podemos perder. Afecta a la respuesta educativa y modifica pensamientos, alimenta prejuicios. Nos ayuda a centrar el foco, con el riesgo de la victimización. Diagnosticar, ¿a favor o en contra?

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