Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

CADA MARTES, ME ENCUENTRO EN UN CUENTO

Rapunzel: Derecho a la libertad

La princesa Rapunzel

La princesa Rapunzel / L.O.

Esther Murcia Gomicia

Esther Murcia Gomicia

Pedagoga, cuentoterapeuta acreditada por AICUENT y madre @esther_murcia_gomicia

A lo largo de la historia, muchas personas han vivido bajo distintas formas de limitación: normas rígidas, miedos heredados o entornos donde la libertad de elegir parecía restringida. Los cuentos tradicionales, lejos de ser solo fantasía, funcionan como metáforas profundas que favorecen el crecimiento personal y, en ocasiones, nos ayudan a encontrar nuestra propia voz. Crean un espacio íntimo donde podemos ser quienes realmente somos, más allá de lo aprendido.

En este proceso no solo se despierta la imaginación, sino también una comprensión más profunda de nosotros mismos. A través de sus símbolos, los cuentos nos permiten explorar dimensiones internas como la autonomía emocional, entendida como la capacidad de sostenernos desde dentro, diferenciándola de la independencia externa que a menudo confundimos con libertad.

La historia de Rapunzel narra la vida de una joven encerrada desde pequeña en una torre por una mujer que afirma protegerla del mundo exterior. Ella, desde lo alto, observa el horizonte sin haber podido explorarlo siendo su largo cabello el único puente entre su encierro y el exterior, un hilo que sostiene su deseo de libertad.

Este cuento simboliza la tensión entre protección y libertad. A veces, lo que parece cuidado puede transformarse en una limitación que impide crecer. Desplegar nuestras alas implica asumir riesgos, descubrir lo desconocido y tomar decisiones propias, aun con miedo. Esta libertad no es solo externa, también requiere una base interna sólida que permita elegir sin dependencia emocional.

Rapunzel nos recuerda que crecer implica separarnos de lo que nos limita, incluso si proviene de quienes creen actuar por nuestro bien. La verdadera libertad no consiste en la ausencia de vínculos, sino en elegirlos con conciencia, guiados por nuestra voz interior. La autonomía emocional se vuelve esencial: no se trata de no necesitar, sino de no perdernos en los demás.

Este relato también invita a fomentar esta autonomía desde pequeños. Niños y adolescentes necesitan acompañamiento, pero también confiar en su capacidad de decidir, equivocarse y aprender. Preguntarnos qué significa ser libre, si hacer lo que queremos o también asumir responsabilidad puede abrir espacios de reflexión valiosos.

En este camino, es importante reconocer que los vínculos pueden volverse confusos. A veces, el deseo de ayudar lleva a una sobreentrega que oculta necesidades no resueltas, como la búsqueda de aprobación o el miedo al rechazo. Aprender a poner límites no rompe el vínculo, lo transforma, permitiendo relaciones más sanas y evitando dependencias que perpetúan la ‘torre’ emocional.

Rapunzel muestra que crecer es abrir la puerta de nuestra propia torre interior, mirar el mundo con valentía y comprender que la libertad más profunda se conquista desde dentro. Como decía Jean-Jacques Rousseau, «el hombre nace libre, y sin embargo, en todas partes está encadenado». Romper nuestras cadenas internas es uno de los aprendizajes más transformadores.

Al dar el primer paso hacia nuestra libertad interior, descubrimos que ningún muro ni torre puede arrebatarnos nuestra fuerza. Elegir nuestro camino con autenticidad nos acerca a quienes realmente somos.

Y recuerda que este artículo no termina aquí. Lo que despierta permanece, crece y acompaña, recordándonos que educar y educarnos es un acto de valentía.

Quizá mañana mires tu propia ‘torre’ con otros ojos, o te atrevas a soltar y confiar un poco más. Y en ese gesto, pequeño pero inmenso, algo habrá cambiado para siempre. Ánimo.

Tracking Pixel Contents