CADA MARTES, ME ENCUENTRO EN UN CUENTO
Rapunzel: Derecho a la libertad

Rapunzel invita a reflexionar sobre la importancia de fomentar la autonomía desde pequeños. / Freepik

A lo largo de la historia, muchas personas han vivido bajo distintas formas de limitación: normas rígidas, miedos heredados o entornos donde la libertad de elegir parecía restringida. Los cuentos tradicionales, lejos de ser solo historias de fantasía, funcionan como metáforas profundas y actúan en el crecimiento personal, incluso en ocasiones, nos ayudan a encontrar nuestra propia voz. Crean ese espacio íntimo donde podemos ser quienes realmente somos y no aquello que hemos aprendido a representar.
En este proceso, no solo se despierta la imaginación, sino también una comprensión más profunda de nosotros mismos. A través de sus símbolos, los cuentos nos permiten explorar dimensiones internas como la autonomía emocional, es decir, la capacidad de sostenernos desde dentro, diferenciándola de la simple independencia externa que muchas veces confundimos con libertad.
La historia de Rapunzel narra la vida de una joven encerrada desde pequeña en una torre por una mujer que asegura protegerla del mundo exterior. Desde lo alto, Rapunzel observa el horizonte sin haber tenido jamás la oportunidad de explorar más allá. Su largo cabello se convierte en el único puente entre su encierro y el mundo exterior, un hilo delicado que sostiene su deseo de libertad y conexión.
Este cuento simboliza de manera muy clara la tensión entre protección y libertad. A veces, aquello que se presenta como cuidado puede transformarse en una jaula silenciosa, una limitación que impide crecer plenamente. Es por ello que aprender a desplegar nuestras alas requiere asumir riesgos, descubrir lo desconocido y atrevernos a tomar decisiones propias, aun cuando el mundo nos intimide. Sin embargo, esta libertad no es únicamente externa, también implica desarrollar una base interna sólida que nos permita elegir sin miedo y sin dependencia emocional.
Esta niña de cabellos largos, que todos conocemos, nos recuerda que crecer implica separarnos de aquello que nos limita, incluso si proviene de personas que creen actuar por nuestro bien. La verdadera libertad no consiste en la ausencia de vínculos, sino en la capacidad de elegirlos con conciencia, de caminar por la vida guiados por nuestra propia voz interior y no solo por lo que otros deciden por nosotros. En este sentido, la autonomía emocional se vuelve esencial: no se trata de dejar de necesitar a los demás, sino de relacionarnos sin perdernos en ellos.
Rapunzel invita a reflexionar sobre la importancia de fomentar esta autonomía desde pequeños. Niños y adolescentes necesitan sentirse acompañados, pero también aprender a confiar en su propia capacidad de decidir, equivocarse y aprender de cada experiencia. Un ejercicio útil para ayudar a nuestros peques y no tan peques puede ser dialogar sobre qué significa sentirse libre: ¿es simplemente hacer lo que queremos, o también implica responsabilidad, respeto y la valentía de enfrentar lo desconocido?
En este camino, también es importante reconocer que, en ocasiones, el vínculo con los demás puede volverse confuso. Hay quienes, desde el deseo de ayudar, se entregan en exceso, olvidándose de sí mismos. Sin embargo, muchas veces esta sobreentrega no nace únicamente del cuidado, sino de necesidades internas no revisadas: el deseo de ser valorado, el miedo al rechazo o la dificultad para poner límites. Aprender a detenerse y establecer límites no rompe el vínculo, por el contrario, lo transforma. Permite que tanto quien cuida como quien recibe la ayuda puedan relacionarse desde un lugar más sano, equilibrado y consciente, evitando dinámicas de dependencia que, lejos de liberar, perpetúan la “torre” emocional.
Este cuento de la niña encerrada en la torre muestra que crecer significa, en muchos sentidos, abrir la puerta de nuestra propia torre interior, observar el mundo con curiosidad y valentía, mientras reconocemos que la libertad más profunda es la que conquistamos dentro de nosotros mismos. Como decía Jean-Jacques Rousseau, "el hombre nace libre, y sin embargo, en todas partes está encadenado”. Aprender a romper nuestras propias cadenas internas es uno de los aprendizajes más hermosos y transformadores que podemos experimentar.
Al dar el primer paso hacia nuestra libertad interior, descubrimos que ningún muro ni torre puede arrebatarnos nuestra fuerza. Ser dueños de nuestra vida, elegir nuestro camino y caminar con autenticidad nos permite acercarnos, con cada una de nuestras decisiones, a quienes realmente somos.
Y recuerda que este artículo no termina aquí, porque lo que despierta no se olvida al pasar la página. Permanece, crece, incomoda suavemente y acompaña en tu toma de decisiones, recordándonos que educar y educarnos es, en esencia, un acto de valentía.
Quizá mañana, sin darte cuenta, mires tu propia “torre” con otros ojos, o tal vez te atrevas a cuestionar, a soltar, a confiar un poco más. Y en ese gesto, pequeño pero inmenso, algo habrá cambiado para siempre. Ánimo.
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