Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Psicología infantil

La educación defensiva: hacia la burocratización de la enseñanza

La educación defensiva: hacia la burocratización de la enseñanza

La educación defensiva: hacia la burocratización de la enseñanza

J. Alejandro López

Orientador educativo, psicólogo y psicopedagogo

La carga de trabajo en los centros educativos públicos se está incrementando. La responsabilidad del profesorado, sobre todo del cargo de tutor en los IES, va en aumento. Estas responsabilidades empiezan a minar el trabajo docente, pues si este no cumple con la carga burocrática puede verse envuelto en conflictos de diversa consideración y gravedad. En la actualidad podemos hablar incluso del inicio de una educación defensiva, que corresponde con una burocratización extrema de la enseñanza.

La educación defensiva puede entenderse como una deriva organizativa del sistema educativo en la que parte del trabajo del profesorado, especialmente de tutores, equipos directivos y departamentos de orientación, se orienta prioritariamente a protegerse frente a posibles reclamaciones administrativas o legales. En este contexto, la proliferación de protocolos, informes, registros y evidencias documentales (por ejemplo, en casos de acoso escolar, riesgo de autolisis o conflictos familiares) no solo cumple una función preventiva, sino también una función de cobertura institucional y jurídica. El resultado es que muchas actuaciones del profesorado se acompañan de una intensa burocratización cuyo objetivo implícito es demostrar que se ha actuado conforme al procedimiento establecido. Esta lógica puede generar una forma de trabajo «a la defensiva», donde la prioridad no siempre es la intervención educativa más ágil o directa, sino dejar constancia formal de cada paso dado, lo que a menudo ralentiza los procesos, aumenta la carga administrativa del profesorado y condiciona la toma de decisiones en la práctica diaria.

Las consecuencias de esta burocratización pueden ser dramáticas. Destacamos:

  • Síndrome de burnout del profesorado. Estado de agotamiento físico, emocional y mental crónico, derivado de la exposición prolongada a altos niveles de estrés laboral en el entorno educativo.
  • Ralentización de la acción educativa y pedagógica. Los profesores han de esperar a cumplir los pasos del protocolo en cuestión y de asegurarse que se firman los documentos adecuados, lo que provoca, en ocasiones, la inacción y la pérdida de agilidad en la respuesta educativa.
  • Cultura de la autoprotección. Ya no se realizan acciones para prevenir o proteger al alumno, sino de autoprotección ante las represalias y consecuencias administrativas y legales por no documentar las actuaciones.
  • Desplazamiento de la enseñanza por tareas burocráticas. El profesorado, sobre todo los tutores, tienen menos tiempo para preparar sus clases, pues lo han de emplear en cumplimentar documentos como registros, anexos, derivaciones, entrevistas, etc.

La solución para poner fin a la proliferación de la educación defensiva pasa por la realización de algunas acciones educativas e institucionales:

  • Aumentar el número de profesores y disminuir las ratios. Parte de la burocratización aparece por la heterogeneidad de circunstancias en las que se encuentra el alumnado y a las que hay que dar respuesta. Si aumentamos el número de profesionales y disminuimos las ratios, se podrá alcanzar una enseñanza más individualizada.
  • Simplificar los protocolos. Reducir el número de anexos y documentos que hay que cumplimentar para hacer una buena labor docente.
  • Clarificar responsabilidades. En la legislación debe quedar muy claro qué responsabilidad tiene cada agente educativo.
  • Herramientas administrativas ágiles e intuitivas. Muchas veces las aplicaciones digitales conllevan un gasto de tiempo innecesario por ser poco intuitivas y complejas.

No podemos normalizar esta educación defensiva como parte de la labor docente, pues estaremos abocados al fracaso y la frustración perpetua.

Tracking Pixel Contents