Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Cada martes, me encuentro en un cuento

‘Blancanieves’: cuando los celos aíslan y la cooperación salva

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Esther Murcia Gomicia

Esther Murcia Gomicia

No siempre es la maldad lo que rompe una convivencia. A veces es algo más silencioso y cotidiano: la comparación constante, la necesidad de ser el mejor, el miedo a perder un lugar. Los celos no suelen presentarse como un gran conflicto, sino como pequeños gestos que se acumulan: una mirada que juzga, una palabra que desvaloriza, una decisión tomada desde la envidia y no desde la razón. Blancanieves, más allá de su apariencia de cuento infantil, nos habla precisamente de eso y lo hace con una claridad que sigue siendo incómoda hoy en día.

La historia es conocida, más que conocida se podría decir, en donde una reina que no soporta dejar de ser la más bella, una joven que crece y despierta admiración, y un espejo que no miente crean un problema. Los celos de la madrastra no nacen del daño que Blancanieves le cause, sino de lo que representa: la amenaza de no ser única, de no ocupar siempre el centro. Incapaz de aceptar ese cambio, la reina transforma su inseguridad en violencia y rechazo.

Este conflicto no es tan lejano como parece. En la escuela, los celos aparecen cuando alguien destaca, cuando un compañero recibe atención, cuando otro progresa más rápido o es valorado por el grupo. A veces se manifiestan en burlas, en exclusiones, en rumores o en la negativa a colaborar o crear grupos. No es raro que surjan frases como «cree que es mejor que los demás» o actitudes que buscan apagar al otro para no sentirse menos.

Frente a un mundo hostil, Blancanieves halla refugio en un espacio diferente: la casa de los siete enanitos. Allí no importa quién destaca más, sino la forma en que se organizan para convivir. Cada uno aporta sus habilidades, se distribuyen las tareas y se cuidan mutuamente. No buscan la perfección ni la consideran necesaria; lo que los une es la cooperación, la integración y el reconocimiento del valor de cada uno. Es precisamente esta actitud la que permite a Blancanieves reconstruirse, recuperar la seguridad y seguir adelante.

Este contraste es clave. Mientras los celos aíslan y destruyen, la cooperación crea comunidad e integridad. En el aula ocurre lo mismo cuando se fomenta el trabajo en equipo, cuando se aprende a valorar las capacidades distintas y cuando se entiende que el éxito de uno no significa el fracaso de otro. Un grupo que coopera no elimina las diferencias, las integra, las incluye para un crecimiento conjunto.

Blancanieves nos recuerda que la admiración no debería convertirse en amenaza. En nuestra sociedad, marcada por la comparación constante a través de notas, títulos, apariencia, popularidad, reconocimiento…, aprender a gestionar los celos es una tarea educativa urgente. No se trata de negarlos, sino de reconocerlos y transformarlos en oportunidades para crecer, pedir ayuda o aprender del otro.

Trabajar este cuento en el aula permite abrir diálogos necesarios con reflexiones que les ayuden a crecer, podemos iniciar con preguntas del tipo: ¿qué hacemos cuando sentimos envidia?, ¿cómo reaccionamos cuando alguien destaca?, ¿sabemos alegrarnos por los logros ajenos?, ¿somos capaces de cooperar incluso cuando no somos protagonistas? Estas preguntas no buscan culpables, sino conciencia.

Quizá la enseñanza más profunda de Blancanieves no esté en la manzana ni en el final feliz de cuento de hadas, sino en esa elección constante entre competir o colaborar. Educar para la cooperación es enseñar que hay espacio para todos, que compartir no nos quita valor y que una comunidad crece cuando aprende a cuidarse. En tiempos donde los celos siguen separando, este cuento nos recuerda que solo juntos podemos construir un lugar más justo y humano.

Tracking Pixel Contents