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Psicología infantil

La importancia de la memoria de trabajo

La importancia de la memoria de trabajo

La importancia de la memoria de trabajo

J. Alejandro López

Una de las pruebas estandarizadas que más se utiliza en educación es el WISC-V (’Wechsler Intelligence Scale for Children-V’). Esta es la prueba líder para medir la inteligencia en niños y adolescentes (hasta los 16 años). En la actualidad estamos en su quinta actualización. Con esta escala podemos evaluar el funcionamiento cognitivo de los menores, es lo que conocemos comúnmente como test de inteligencia, pues sus resultados proporcionan un cociente intelectual (CIT).

Esta escala mide cinco parámetros que compondrían los elementos característicos de la inteligencia, estos son: la comprensión verbal, la percepción visoespacial, el razonamiento fluido, la velocidad de procesamiento y la memoria de trabajo. En este artículo vamos a centrarnos en esta última: la memoria de trabajo.

Podemos definir memoria de trabajo como una función que controla y mantiene activa la información que nos permite realizar una determinada actividad, es decir, es la capacidad cognitiva de mantener y manipular información temporalmente. Su función es la de organizar el flujo de información, útil para recordar instrucciones, hacer cálculos mentales o leer.

Dentro de la escala WISC-V, para conocer la puntuación compuesta de una persona en memoria de trabajo se utilizan tres pruebas: dígitos, span de dibujos y letras y números.

Dígitos: se presentan una serie de números y el alumno ha de repetir los números en orden directo o inverso. Cada vez la cadena de números es más larga.

Span de dibujos: El menor observa ilustraciones durante unos segundos y luego debe seleccionar las ilustraciones en el orden correcto.

Letras y números: el niño ordena secuencias mixtas de letras y números, primero ordenando los números de menor a mayor y las letras de la A a la Z.

Con estas tres pruebas se consigue una puntuación directa que se transforma en percentiles, situando al alumno dentro de un rango comparado con alumnos de su edad.

La memoria de trabajo no es un elemento estanco con el que se nace, si no que puede perfeccionarse con actividades y dinámicas. Algunas estrategias a resaltar son:

Juegos mentales: crucigramas, ajedrez, retos de memoria, rompecabezas.

Juegos de mesa de estrategia: Catán, Risk, Carcasonne.

Deporte: Deportes con reglas cambiantes. Cambiar normas durante el juego obliga a actualizar información. Seguir consignas: se le pide al alumno que repita una cadena de consignas. Empezamos por pocas consignas que iremos sumando. Ejemplo: da un salto, seguido de una palmada, seguido de agacharte, etcétera.

Cálculo encadenado: Empezamos con un número y vamos encadenando operaciones mentales. Ejemplo: 5; a este le sumamos 7, al resultado le restamos 3, al resultado lo multiplicamos por 11, etcétera.

Otras actuaciones importantes para la memoria: alimentación equilibrada; deporte aeróbico e higiene del sueño también son actividades que mejoran la capacidad de memorizar. Se está demostrando que una siesta breve, de alrededor de 30 minutos, es suficiente para que el cerebro mejore su capacidad de aprender y almacene nueva información con mayor eficacia. La higiene del sueño es un factor clave. Según el blog del Instituto del Sueño se afirma que: «Diversos estudios dan cuenta de la relación entre el sueño y la memoria debido al proceso de sinapsis que se produce bajo este estado». Por ello, se recomienda al alumnado que, ante un examen de memorización, duerma las horas adecuadas.

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