Psicología infantil
Poner límites: la importancia del afecto y los límites

Poner límites: La importancia del afecto y los límites
J. Alejandro López
Corren ríos de tinta sobre cómo educar a los menores: desde corrientes que fomentan la permisividad a modelos que instan a la hipervigilancia, convirtiendo a los padres en familias helicóptero; pasando por consejos como «dejarle llorar», hasta estilos paternalistas de sobreprotección. El «cómo educar a los hijos» se ha convertido en la nueva dieta milagro: viajamos desde la dieta de la alcachofa hasta el ayuno intermitente, pero ahora en versión crianza. Todas prometen grandes resultados pero al final la dieta saludable escasea.
Lo que sí sabemos es que en la crianza de los menores dos variables se tornan imprescindibles: el afecto y los límites. Si somos precisos, es un mismo concepto, pues quien bien te quiere es quien bien te ayuda a situarte en el mundo a través de afecto y diligencia.
¿Qué entendemos por poner límites? Podemos definir el concepto de poner límites como el saber establecer normas junto a las consecuencias sobre la trasgresión de las mismas como al cumplimiento de estas. Es un marco de referencia para situarnos en el mundo, si no hay límites no hay estructura y todo se desvanece, pues los límites son necesarios para alcanzar la libertad. Con respecto al afecto del adulto sobre el niño, lo entendemos como la demostración del cuidado y el reconocimiento de la valía y la validación de este. En definitiva, si un niño se siente cuidado, validado y con una estructura que le posiciona en el mundo, será un menor seguro, afectivo y coherente.
Cuando no se establecen límites en el menor surgen problemas en su desarrollo personal. Nos encontramos con niños con baja tolerancia a la frustración, donde la paciencia y la regulación emocional están mal constituidas. Los menores sin límites claros se convierten en personas sin responsabilidad, pues no entienden las consecuencias de sus propios actos. Las faltas de respeto al adulto son más probables en infantes que no han adquirido unos límites precisos de comunicación con el otro. Aumenta la impulsividad y las conductas de riesgo, lo que promueve unas relaciones viciadas y conflictivas. Menor autoestima, pues las familias que no ponen límites a sus hijos les están mandando un mensaje: «No importo, no me cuidan. Estoy solo». Sin límites no hay comprensión del mundo real, pues la vida ofrece obstáculos, resistencias y la necesidad de negociar con el otro, que no siempre opina o actúa como a uno le gustaría. En el mundo hay normas, horarios, roles y reglas que cumplir. Sin límites no hay adaptación.
Para establecer límites adecuados podemos realizar algunas de estas actuaciones:
Claridad mejor que ambigüedad. Pon normas sencillas, claras y fáciles de cumplir: «Después de hacer los deberes toca ir a la ducha». Mantente firme. Estate preparado para la protesta y la pataleta. No entres en su juego, pues van a comprobar la consistencia de tus palabras, si cedes es un volver a empezar de cero. Más acción, menos palabras. Exponer la norma y la consecuencia de su transgresión. Mucha cháchara no va a mejorar la situación, ni vas a conseguir que entre en razón antes. Refuerza lo que hace bien. Es bueno exponerle la conducta alternativa que queremos que haga y si lo hace, hay que reconocérselo.
- De tienda de lámparas de referencia en Cartagena a apartamentos para trabajadores de Escombreras
- El frío pone en alerta a casi toda la Región de Murcia este sábado
- No es Venecia ni el Caribe: descubre una ruta en Murcia sobre la que puedes caminar sobre el agua
- El 'apagón financiero' acaba con casi la mitad de los bancos de la Región en una década
- Fallece una menor por atragantamiento en Murcia
- Defensa subasta dos locales en Cartagena
- Condenada una mujer por apuñalar al hombre que la violó en una casa de Murcia
- El FC Cartagena vuelve a perder y sigue en caída