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Me gustas tú, me gusta tu materia

Me gustas tú, me gusta tu materia

Me gustas tú, me gusta tu materia

J. Alejandro López

El tema del motivo del desinterés y la baja motivación del alumnado sobre las materias que ha de cursar dentro del currículo es, como en tantas otras cuestiones, multicausal, no hemos de apelar a unas pocas variables o pecaríamos de reduccionistas.

Cuestiones importantes como ¿cómo motivar al alumnado?, ¿Qué hacer para disminuir el absentismo y el fracaso académico?, ¿Cómo reducir los comportamientos disruptivos en el aula? Son temas de vital importancia en el sistema educativo actual. Las tecnologías y su efecto de producción de dopamina rápida, los posibles efectos adversos de estas en la concentración y atención del alumnado, nos hacen replantearnos el rol del profesorado en el aula y su capacidad para captar el interés de los discentes.

Dar clase sin convertir al alumnado en un cliente caprichoso que demanda un parque de atracciones en el aula a costa de una manipulación de «si no me entretienes romperé la dinámica del aula», pero al mismo tiempo la necesidad de encontrar la fórmula para silenciar al alumnado, sin tener que mandarles callar, sino enmudeciéndolo por la pasión intrínseca que el profesor profesa por su materia, es un acto de vocación y de un no estar aún quemado por temas estructurales como la excesiva burocracia o las ratios insoportables, tanto por el gran número de alumnos dentro del aula como del propio espacio insuficiente que esto genera. El hacinamiento es un caldo de cultivo para la disrupción en el aula. Los profesores se encuentran en una encrucijada que acaba, en numerosos casos, en ansiedad, depresión y baja laboral.

Cuando entrevisto a mis alumnos y les pregunto por sus materias preferidas, sus respuestas son bastante dispares, pero cuando les pregunto por los motivos de porqué esa materia le parece apetecible, las respuestas convergen algo más.

A la conclusión que he llegado después de casi diez años de entrevistas, es que los alumnos profesan una mayor simpatía por materias en las que su profesorado les cae bien, es decir, el profesor que les cae en gracia, su materia ya no les parece tan difícil y/o aburrida. Cuando ahondo en qué características tiene este profesor, los discentes suelen responder cosas como: «Sabe explicar la materia»; «te escucha»; «es simpático conmigo»; «cuando le pregunto responde a mis dudas»; «está atento a los alumnos». Parece que los menores reclaman a un profesor que saber escuchar, tiene paciencia, es amable y sabe explicar su materia. Es un experto exponiendo los conocimientos y al mismo tiempo, tiene valor por la humanidad que desprende. Así pues, es un: «Me gustas tú, me gusta tu materia».

Cuando pregunto por las materias que menos les gustan, hay una que se repite en 2º de la ESO: es la materia de Física y Química. Quizás, aparte de la dificultad intrínseca de la materia, sea que el aprendizaje se produce a través de los conocimientos previos del alumnado. Cuando aprendemos algo, es más fácil si ya tenemos conexiones neuronales fabricadas en nuestros cerebros sobre el asunto. Cuando un contenido es muy novedoso, la dificultad de entenderlo se multiplica. Por ello, los alumnos necesitan conocimientos previos donde anclar el nuevo contenido.

En definitiva, el valor humano del profesor y los conocimientos previos pueden marcar cierto camino hacia una buena enseñanza.

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