03 de noviembre de 2020
03.11.2020
La Opinión de Murcia
A leer

Triscuspascos

03.11.2020 | 04:00
Triscuspascos

De no haber sido por aquella piña que cayó del árbol justito encima del pie desnudo de la tía Dalia€ Con el susto, la tía Dalia dio una patada a la mesa del desayuno. En la mesa había una gran jarra de zumo recién exprimido, papá saltó por los aires intentando atraparla y, al caer su silla hacia atrás, arrastró una baldosa dejando al descubierto un agujero en el suelo. Con el lío del zumo, sólo yo me di cuenta. Así fue como empezó todo.

La jarra cayó, se rompió en mil pedazos y el zumo se perdió por entre las baldosas de la piscina.
–¡Cuidado con los cristales! –Mamá siempre chillando.
–¡Se acabó el descanso! ¡Mucho estaba ya durando! –espetó la tía Dalia levantándose de un salto.

Mamá intentando volver a levantar la mesa, papá y la tía barriendo los cristales€ Yo solo podía mirar al agujero negro del suelo. ¡Imagínate! El agujero sería del tamaño de tu cabeza, más o menos, igual exagero, y de repente aparecieron dos enormes globos de color amarillo.
–¡Hala! ¡Deja de contar mentiras!
–¡No son mentiras, te lo cuento como pasó! Pero si quieres, aquí lo dejamos€
–No, no, sigue, ¿qué eran los globos?
–Aparecieron de pronto. Pensé en dos luciérnagas, todos los veranos se ven algunas en el jardín. Luego, tan rápido como habían aparecido, desaparecieron y volvieron aparecer los dos al mismo tiempo.
–¿Cómo puede ser?
–Sí, tonto. Porque eran dos ojos, y pestañearon. Una, dos y tres veces.
–¡Maaaaaaaaááááááááááááá!
–Vuelve a contarme la historia de los globos amarillos, Sofía.
–¿Para qué? ¿Para que vuelvas a llamar a mamá? No, ya no te cuento más.
–Pero, entonces, ¿pasó de verdad?

A ver, yo tampoco me lo podía creer. Me miraban desde la oscuridad del agujero, de eso estaba segura. Así nos quedamos un buen rato, observándonos desde lejos. De no haber sido por aquel pájaro€Yo lo vi. Se posó en la rama, la hizo tambalear y por eso cayó la piña que golpeó el pie de la tía Dalia. El susto, el zumo por los aires, papá lanzándose a por la jarra, el agujero en el suelo y los dos globos amarillos mirándome fijamente.

Fui yo quien dio el primer paso: Muy despacio, me senté un poquito más cerca del agujero. Lo hice con cuidado, no quería asustarle. Los globos amarillos seguían parpadeando de vez en cuando; lo hacían muy deprisa, como si no quisieran perderse detalle. Le tiré dos cerezas que habían caído al suelo, junto a la mesa, la jarra y el resto del desayuno.

–¿Por qué le tiraste dos cerezas?
–Igual que entraron en el agujero salieron de él.
–¿Enteras o solo el hueso?
–Enteras, pesado.

Pensé que se había asustado porque ya no conseguí verle en todo el día. Volví de nuevo al agujero antes de comer, a media tarde y cuando ya comenzaba a anochecer, y ni rastro de los dos globos amarillos.

–Y entonces€¿Así acaba la historia?
–La historia no ha hecho nada más que empezar.

Por si acaso se escapaba lo que allí se escondía, si es que aún estaba dentro, antes de irme a la cama tapé el agujero con una de las macetas de mamá.

–¿Con cuál de ellas?
–Con la del ciprés.
–¡Imposible! ¿Ves? ¡Es todo mentira! El ciprés es enorme, seguro que no puedes levantarlo.
–Cuando todo esto pasó, el ciprés era apenas tan grande como mi brazo, y tú, tú solo eras un bebé mocoso que no paraba de llorar.

Arrastré la maceta hasta el agujero. Quedó totalmente tapado. Pero, cuando ya estaba entrando en casa, desde lo más profundo del agujero emergió un chillido terrible. Un grito como de bestia, de animal salvaje€

¡Yiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiieeeeeeeeeeeeeeeeeeeaaaaauuuuuu
uuuuuuuu!
¡Mamáááaáááááááááááaááááááááááááááááááááááaáaáááááááááááááááááááááááááá!
–Ya no volveré a llamar a mamá, te lo prometo.
–No te creo. Además, te asustas con mucha facilidad, y así no me apetece contarte el resto de la historia.
–¡Por favor, por favor, por favor! Te prometo que no volveré a gritar. Si me asusto, apretaré el cojín con los dientes.
–Más te vale.
Si no hubiera sido por el gato del vecino€Lo ví claramente. El gato€

ACTIVIDADES

1. ¿Qué crees que hizo el gato del vecino? Trata de imaginártelo.

2. Vuelve a leer el texto y piensa cómo es el aspecto de Triscuspascos. Haz un dibujo de él.

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