06 de octubre de 2020
06.10.2020
La Opinión de Murcia
Psicología infantil

Cómo detectar la ansiedad del alumno

06.10.2020 | 04:00
Cómo detectar la ansiedad del alumno

La ansiedad es un estado del organismo que trata de responder a una situación que considera amenazante, así que en realidad es una reacción de alarma que se mantiene en el tiempo, mucho después de que sea apropiado que lo haga.

En un momento dado nos sirve para superar situaciones comprometidas, pero se convierte en un trastorno si se mantiene en el tiempo. Los signos en los que puede manifestarse, y que podemos observar en los alumnos, son los siguientes:

- Podemos comprobar que el alumno se preocupa mucho y por muchas cosas, de una forma que no se puede considerar normal.
- Cuando hablamos con él/ella, vemos que le cuesta mucho trabajo controlar esa preocupación.
- Se muestra inquieto, impaciente, como esperando que suceda algo malo sin que pueda decirte exactamente qué es eso que le preocupa.
- Puede tener dificultades para concentrarse o simplemente no pensar en nada.
- Se muestra irritable, en guardia y suele malinterpretar las situaciones que se producen a su alrededor, calificándolo todo como amenaza.
- Presenta problemas de sueño y alimentación. En cuanto al sueño, pueden experimentar dificultad para conciliar el sueño, sueño intermitente o sensación de que al despertar no se encuentran descansados. Respecto a la alimentación pueden empezar los atracones de comida seguidos de largos períodos de no comer lo suficiente.
- La inquietud, la preocupación, la agitación y todos éstos síntomas provocan una sensación de malestar general que va en aumento y que motiva descensos en el rendimiento académico, la calidad de la relación social, etc...

Diversas fases


Estos síntomas que hemos sintetizado se pueden producir en menor o mayor grado dependiendo de las características especiales de nuestro alumnos, según explica Emilio Bohórquez Rodríguez, licenciado por la Universidad de Sevilla. Junto a ello, debemos tener en cuenta que la ansiedad es un cuadro clínico que presenta diversas fases, que debemos conocer para poder detectarla en el aula del modo más eficaz posible:

a) Fase de alarma.
En la primera fase se detecta un problema amenazante y se activan nuestros recursos. Es un 'subidón' de adrenalina y se experimenta un estado general de nerviosismo, agitación, inquietud y angustia muy agudas.
b) Fase de resistencia.
Si la situación amenazante persiste, nuestra mente ordena a nuestro cuerpo que mantenga elevados los niveles de activación, así que comenzamos a utilizar nuestras 'reservas de energía'. Estas reservas garantizan que durante un tiempo, nuestra capacidad para afrontar amenazas sigue siendo la óptima; sin embargo, nos produce una serie de efectos 'colaterales' no deseados, como hipervigilancia, incapacidad para dormir, trastornos de la alimentación, inquietud, incapacidad para concentrarnos, irritabilidad, etc...
c) Fase de agotamiento.

Si a pesar del tiempo que ha transcurrido, seguimos percibiendo que la amenaza no ha desaparecido, nuestra mente sigue ordenando activarse a nuestro cuerpo que ya ha agotado sus reservas, así que toda esta fase es una constante bajada, una sensación de agotamiento de nuestras defensas que se manifiesta con una sensación de infelicidad, abandono, fatiga constante, incapacidad para dormir, disminución del aprecio por uno mismo, taquicardias y fatiga general.

Ello conlleva que estamos entrando en una fase de vulnerabilidad hacia transtornos como la depresión, con lo cual debemos saber actuar a tiempo.

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