22 de septiembre de 2020
22.09.2020
La Opinión de Murcia
A leer

Eres un patata

22.09.2020 | 04:00
Eres un patata
Tomado de:  El libro de las emociones para niñas y niños Autora:  Gemma Lienas Ilustradora: Sigrid Martínez Editorial:  B de Blok

Jairo es un niño nuevo en el colegio. Es algo distinto a los demás porque tiene la piel de un color más oscuro y porque está un poco gordito.
A la hora del patio, algunos niños y niñas deciden jugar a fútbol.

-¿Puedo jugar yo también? –pregunta Jairo.

José, un niño de clase a quien le gusta mucho mandar, le dice que no.

-No. Tú no juegas.

-¿Por qué no?

-Porque no me gustas. ¿Lo has entendido?

Los niños y niñas se ríen. Marcos también.

-¡No nos gustas, vete! –dice Ana, sacándole la lengua.

-Vamos, fuera de aquí le grita José.

Jairo se va a un rincón del patio. Y se queda solo. Solo y triste. Le habría gustado mucho jugar al fútbol. Quizá mañana le dejarán.

Pero al día siguiente, martes, la situación no mejora.

Jairo está sentado en su silla tratando de hacer muy bien el dibujo que les ha mandado el profesor. Entonces, pasa por su lado José y, como quien no quiere la cosa, le arruga la hoja de papel.

-¡Cuidado! Exclama Jairo.

-¿Qué pasa? Ahora me culparás a mí por tener el dibujo arrugado, ¿no?

Antes de que Jairo pueda decir nada, el profesor le da otra hoja.

-Anda, va, no seáis chiquillos. Toma, Jairo, vuelve a empezar.

Cuando salen al patio, José dice:

-Hoy tampoco puedes jugar con nosotros. Eres un patata. No sabes ni dibujar.

-¡Eres un patata! –grita Ana.

-¡Eres un patata! – gritan todos a la vez. Marcos también.

El miércoles, Jairo piensa que quizás el día sea mejor.

Pero se equivoca. Tampoco va bien. Cuando salen al patio, José le hace la zancadilla y Jairo cae al suelo. Se roza las rodillas y se hace heridas. ¡Uf! Él que tenía tantas ganas de empezar en el nuevo colegio y hacer amigos y amigas, piensa que no resulta nada divertido tener que ir.

Marcos tiene ganas de hacer pis. En el lavabo está Jairo lavándose las rodillas.

Marcos siente un pellizco en la barriga, pero no le dice nada a Jairo.

Pronto Marcos se queda solo y nota olor a menta.

-Soy yo dice el hada.

-¡Ah, hola!

-¿Contento? –pregunta Menta.

-Pse –dice él.

-Yo no estaría nada contenta, si fuera tú.

Marcos la mira, pero no dice nada.

-Me sentiría como un gusano por haber estado molestando a ese niño nuevo, Jairo.

-¿Ah, eso? Solo era una broma.

-Sí, sí, una broma€-dice Menta, cruzándose de brazos-. ¿Te parecería una broma divertida que no te dejaran jugar al fútbol?

-No –reconoce Marcos.

-¿Y que te arrugaran las hojas cuando trabajas? ¿Y que te hicieran caer al suelo? ¿Todo eso son bromas divertidas?

-No –dice Marcos, que se siente avergonzado. Ni son bromas, ni le gustaría nada que se lo hicieran a él.

-¿Y por qué se lo haces a Jairo?

-Porque José lo dice.

-Pero tú crees que no está bien hacerlo. Entonces, ¿por qué obedeces a José?

-Porque si le ayudo a molestar a otro, José no se mete conmigo.

-¿O sea que le ayudas a maltratar para no ser tú el maltratado?.

Marcos mueve la cabeza para decir que sí.

-¿Y no sería mejor que convencieras a todos los niños y niñas de no hacerle nada a Jairo? Si José no tiene vuestra ayuda, él solo no se atreverá.

-¿Ah, no? ¿Y eso por qué?

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