04 de diciembre de 2019
04.12.2019
Literatura infantil

A leer: La larga siesta de papá

04.12.2019 | 17:26
A leer: La larga siesta de papá
  • Tomado de: Algunos niños, tres perros y más cosas
  • Autor: Juan Farias
  • Ilustraciones: María Guitart
  • Editorial: Planetalector

No sé si el cuento que ha venido a entristecerme es para niños; puede ser un cuento de niños para padres o para que un padre y su hijo lo escuchen cogidos de la mano.

Empieza así:

Hace muchos, muchos, muchos años, en la antigua China, en una ciudad de papel y barro, blanca de caolín, entre plantas de arroz y té, un niño, igual que todos los niños, volaba su cometa.

No recuerdo si la cometa era un dragón verde de papel pinocho o una caja de tres colores, cada uno dedicado a un espíritu bueno, o la sonrisa de un niño, una sonrisa amplia, de oreja a oreja y aún más.

Un niño y su cometa al viento.

El viento se sentía feliz y el niño también lo era, lo era tanto que sintió la necesidad de compartirlo con alguien, por ejemplo, con su padre.
El niño, como casi todos los niños, pensaba que su padre era lo más importante del mundo, más que el viento, la cometa o un gran plato de arroz con la flor de la miel.

Pero el padre, como muchos padres, prefería dormir la siesta o tomar el té con los amigos que perder el tiempo con cosas de niños.
El niño invitó a su padre a jugar con la cometa, a reír con el viento.

El padre, como harían casi todos los padres, respondió:

–Tengo cosas más serias que hacer. Déjame dormir tranquilo, ¿quieres?

El niño se puso triste y el viento se enfadó.

Sí, el viento se enfadó y, como era amigo de todos los espíritus de la antigua China, fue a pedirles ayuda.

Y habló con el espíritu del tiempo, que es largo y llega desde el principio hasta el fin de casi todas las cosas.

Y el espíritu del tiempo consultó con el espíritu del sueño, que es redondo, se repliega sobre sí mismo y runrunea.

El viento, el sueño y el tiempo tomaron una decisión, y el padre se quedó dormido un día y otro, una semana, un mes y otro mes, un año y otro año y otro año.

La cometa del niño se fue haciendo pedazos.

El niño creció, fue hombre, tuvo hijos y les hizo cometas que también se hicieron pedazos.

Y mientras tanto el padre dormía.

Cuando el tiempo, el viento y el sueño decidieron que era suficiente, mandaron un enorme moscardón de bambú, de tres colores y muy ruidoso, a que se posase sobre la nariz del padre.

Actividades

1. ¿Qué te parece la decisión que tomaron el viento, el sueño y el tiempo? Cuando pensaron que ya había dormido suficiente, ¿qué crees que ocurrió con el padre y el hijo?
 
2.  Elevar una cometa es una de las actividades más divertidas en los días de viento. ¿Te apetece construir una? Coloca dos palos en forma de cruz y átalos con firmeza cruzando una cuerda. Haz la estructura de tu cometa con papel de seda, reforzando los bordes, y pégala a los palos. Amarra dos trozos de cuerda a los extremos laterales y únelos en un trozo central. Añade en el extremo inferior la cola de la cometa con bonitos lazos de colores. Ya tienes lista tu cometa, ¡no olvides disfrutarla en familia!
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