12 de noviembre de 2019
12.11.2019

Psicología infantil: videojuegos, a examen

12.11.2019 | 18:27
Psicología infantil: videojuegos, a examen

Los videojuegos forman parte de nuestra vida desde hace varias décadas. Yo misma, todavía recuerdo cuando mis padres me regalaron mi primera videoconsola, a finales de los 80. ¡Qué tardes de domingo tan divertidas pasaba jugando con mis vecinos!

En la actualidad, seguro que muchos de vosotros habéis escuchado a vuestros hijos hablar de juegos como el League of Legends (LOL), Fortnite, Call of Duty, World of Warcraft o Grand Theft Auto (GTA), entre otros. Aunque existen muchos detractores preocupados por las consecuencias negativas de este tipo de juegos, diversas investigaciones señalan los aspectos positivos de los mismos. Algunos de sus beneficios son:

  • Facilitan el desarrollo y coordinación de destrezas motoras.
  • Mejoran capacidades cognitivas básicas (sensopercepción, atención y memoria).
  • Permiten aumentar habilidades intelectuales superiores como el razonamiento lógico, aprendizaje, motivación, creatividad, resolución de problemas y toma de decisiones.
  • Favorecen la socialización y el trabajo en equipo.


 Estos efectos positivos se pueden observar en jugadores que hacen un uso moderado y adecuado de esta tecnología, sin embargo, una práctica excesiva puede tener consecuencias perjudiciales a nivel físico y mental, incluso derivar en patologías como la adicción.

Cuando ves que tu hijo pasa horas y horas delante de la pantalla, no puedes evitar preguntarte si se estará convirtiendo en un adicto. Entonces, ¿cómo podemos detectar un uso problemático de los videojuegos? Una de las primeras señales de alarma es la cantidad de tiempo dedicado. Si un niño se pasa cuatro horas al día delante de la pantalla, ¿cuánto tiempo le queda para hacer los deberes, actividades extraescolares y otras rutinas?

Aunque este factor es muy importante, no es el único que tenemos que tener en cuenta para saber si nuestro hijo está «enganchado». También es necesario analizar las razones por las que se juega. La mayoría de gamers conciben este tipo de juegos como un hobbie con el que pasar un buen rato, pero lo cierto es que algunos los usan como único medio de socialización, para evadirse de la realidad y/o afrontar de forma inadecuada emociones negativas (miedo, aburrimiento, sensación de vacío, etc.). Estas motivaciones pueden reforzar y mantener un uso desadaptado.

El uso abusivo continuado conlleva al riesgo de adicción porque se produce una hiperexcitación del sistema nervioso, especialmente del sistema dopaminérgico que está asociado a la experimentación del placer y a la búsqueda de recompensas. Esto conduce a la necesidad continua de jugar, llegando a aparecer síntomas similares a los de otras adicciones como por ejemplo: ganas incontrolables de jugar (craving), requerir de más horas de juego (tolerancia), pérdida de control y malestar emocional cuando no se puede o se impide jugar (abstinencia).

Todo ello hace que se restrinjan cada vez más otras actividades y rutinas, provocando un deterioro significativo en las diferentes áreas de la vida (higiene personal, rendimiento escolar, familia, amigos, etc.).

A pesar de sus múltiples beneficios y constituir una forma de ocio, cada vez es más frecuente encontrarse con niños y adolescentes que presentan graves problemas relacionados con los videojuegos. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha reconocido la adicción a los videojuegos como un nuevo trastorno mental, incluyéndolo en la última revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11).

¿Qué podemos hacer para evitar que nuestros hijos caigan en el juego desadaptado? Aquí tenéis algunas pautas generales para la prevención:

  • Priorizar el establecimiento de límites y seguimiento de rutinas.
  • Negociar un horario de juego y asegurarse del cumplimiento del mismo.
  • Investigar sobre el contenido de los videojuegos que utilizan, jugando con ellos y consultando el código PEGI.
  • Proponer otras actividades alternativas de entretenimiento y diversión.
  • Educar en valores y hablar con ellos sobre el uso adecuado de las tecnologías y los peligros del mundo digital.
  • Si sospecháis que manifiestan serios problemas relacionados con los videojuegos no dudéis en consultar a un especialista.
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