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Opinión | El retrovisor

Regreso a las aulas

En el viejo caserón del actual instituto Lcdo. Cascales se dieron las primeras clases de la universidad murciana.

En el viejo caserón del actual instituto Lcdo. Cascales se dieron las primeras clases de la universidad murciana. / Archivo TLM

Tiene septiembre mucho de melancólico y el almanaque presenta un error garrafal, ya que, en realidad, el año se inicia en septiembre, cuando comienza el curso político, el curso cultural, la vida económica, los estrenos de cine y de programas de televisión, pero, sobre todo, es el inicio del curso académico: escolares, aspirantes a bachilleres y universitarios regresan a las aulas en un nuevo devenir, mientras las clases pasivas de viejos profesionales rememoran y vuelven a sentir el pálpito de aquellos lejanos días en los que iniciaron su vida universitaria. Anécdotas, nombres de compañeros, de profesores y catedráticos permanecen vivos en la memoria con todo el esplendor de una juventud vivida. Es por ello por lo que conviene conocer una página interesante de la historia de Murcia, la que constituye la gestación y nacimiento de nuestra Universidad.

Fue a finales del año 1913 cuando el gobierno de la época concedió a la ciudad de Cartagena un Instituto de segunda enseñanza, en el cual los cartageneros tenían puestas todas sus ilusiones porque les resolvía una de las exigencias de la vida: la de los estudios de sus hijos. Esta concesión no cayó bien en Murcia. El sector docente de nuestra capital puso el grito en el cielo pensando en el perjuicio que se producía al Instituto murciano, ya que el mayor contingente de alumnado libre lo proporcionaba la ciudad de Cartagena.

En 1929 un Real Decreto suprimió la Universidad murciana, y la ciudad se levantó en contra

Pensando en lo que se podía hacer en defensa de los intereses de la enseñanza, se llegó a la conclusión de impedir la apertura del Instituto cartagenero. Nada mejor que una buena campaña de prensa para que la iniciativa del nuevo Instituto no viera la luz. Con tal propósito, un amigo del director del periódico El Liberal solicitó de este su apoyo en aras de los intereses educativos y culturales y el perjuicio que se producía a Murcia, por lo que era necesario impedir el cumplimiento del Real Decreto.

Pedro Jara Carrillo, director del periódico, no vio justo que se mermaran las legitimas aspiraciones de Cartagena de tener un Instituto. Llegó a la conclusión de que, si Murcia se veía perjudicada por esa concesión, debía de solicitar algo que compensara a la capital del Segura, y fue Jara Carrillo quién apostó por solicitar al Gobierno de la época una Universidad para Murcia.

Don José Luis Lostauy Gómez de la Membrillera.

Don José Luis Lostauy Gómez de la Membrillera. / Archivo TLM

A los pocos días, Jara Carrillo escribiría en El Liberal un interesante artículo titulado Murcia necesita una Universidad. El artículo resultó ser el inicio de toda una campaña con la que se creó un ambiente en el que toda la región creyó que Murcia tenía derecho a que se le concediera un centro universitario. Prueba del éxito de la campaña periodística fue la aprobación de una enmienda al artículo 19 de la Ley de Presupuestos que autorizaba al ministro de Instrucción Pública para la creación de una Universidad, cuyo territorio académico comprendería las provincias de Murcia y Albacete. Así, el 7 de octubre de 1915 se extendió el acta de nacimiento de la Universidad de Murcia, en un acto solemne en el que intervino con un espléndido discurso el catedrático Andrés Baquero. Todos los políticos murcianos, sin distinción de ideologías, continuaron trabajando por nuestra Universidad, y en junio de 1920 lograron que fuese incorporada al Estado y sometida al mismo régimen económico que las demás universidades del Reino.

El empresario murciano don Juan López Ferrer.

El empresario murciano don Juan López Ferrer. / L. O.

En 1929 apareció un Real Decreto por el que se suprimió la Universidad murciana, y la ciudad se levantó sin excepción en contra del mismo, con manifestaciones encabezadas por Isidoro de la Cierva, Joaquín Cerdá Vidal, Ángel Guirao Girada, Adrián Viudes Guirao, José Pérez Mateos… Una comisión se traslado a Madrid, visitando al general Primo de Rivera y al ministro de Instrucción Pública, fue tal el fervor en defensa de nuestra Universidad, que dicho decreto quedó sin efecto.

En un principio, la Universidad se ubicó en el edificio de las Graduadas del barrio del Carmen

En un principio, la Universidad se ubicó en el edificio de las Graduadas del barrio del Carmen, siendo rector en aquellos primeros años el sabio catedrático, don José Loustau y Gómez de la Membrillera, quien, primero en El Carmen y posteriormente en La Merced, en el edificio adquirido en el año 1933 a los Hermanos Maristas (se dijo que se pagaron cinco millones de pesetas, cifra escalofriante para le época), y en cuya gestión tuvo un relevante papel el ilustre empresario don Juan López Ferrer, trasladándose a dicho recinto la Universidad.

Siendo rector de la Universidad de Murcia el posteriormente llorado alcalde José Ballesta, se rindió homenaje a don José Loustau con un busto en bronce instalado junto a la Facultad de Letras y de una placa conmemorativa a don Juan López Ferrer en el claustro de la Facultad de Derecho de la Merced.

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