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Opinión | La Feliz Gobernación

Ceuta, tan cerca y tan lejos

El delegado del Gobierno, Francisco Lucas, no muestra inquietud si no se rebasa el cupo de pateras que ha normalizado a su criterio

Imagen ilustrativa de la situación de Ceuta.

Imagen ilustrativa de la situación de Ceuta. / L. O.

El regimiento Mallorca 13 del Ejército de Tierra en Lorca fue, hasta su clausura, uno de los campamentos más duros para el entrenamiento de soldados. Ningún joven desprovisto de ardor guerrero quería que le tocara ese destino cuando los sorteos para la mili obligatoria. Se justificaba el rigor en que se trataba de una avanzadilla para responder a un posible ataque de Marruecos. Lorca no está a un paso de Ceuta o Melilla, pero lo suficientemente cerca para constituir una retaguardia de apoyo a los cuarteles fronterizos y a la Legión, que no por otra razón se enclava en la primera línea geográfica. En la práctica, el Mallorca 13 no tuvo que vérselas nunca con Marruecos, y su única acción destacada se produjo cuando el coronel Vara del Rey lanzó su tropas en dirección a Murcia para apoyar el intento de golpe de Estado del 23F, en 1981, en respuesta al llamamiento de Milans del Bosch. Fueron interceptadas por los paracaidistas de Alcantarilla, que les salieron al paso, pero el gesto demostró que el peligro por entonces no era Marruecos, sino el Mallorca 13.

Cerrando cuarteles

Los Gobiernos de la democracia han ido entendiendo que la mejor manera de contener a Marruecos no es reforzando los destacamentos militares, sino suprimiéndolos, pues la paz con los vecinos se conquista mejor mediante alianzas que con amenazas, aunque éstas sean meramente defensivas. La geopolítica actual permite que aviones españoles adscritos a los destacamentos de la OTAN derriben drones intrusos supuestamente rusos en las fronteras con Putin, pero evita que el Ejército mantenga efectivos disuasorios frente a Marruecos, al que se supone aliado implícito, no solo de nuestro país, sino también de Europa y Estados Unidos.

Sin embargo, Marruecos parece estar planteando lo que se denomina una ‘guerra híbrida’, ya ensayada en su día con la Marcha Verde, promoviendo la invasión de civiles (los civiles no son invasores, pero la voluntad política de quienes los instrumentan es invasora) con el pretexto del estado de necesidad, disfrazando una acción de agresividad territorial como un episodio más del fenómeno inmigratorio.

Gobierno troceado

Ante esta situación, de evidente ambigüedad, el Gobierno español se trocea. De un lado, los socios de izquierda expresan la convicción de que Marruecos se pavonea por el apoyo explícito de Trump en una operación que sirve, por razones distintas, a sus respectivos intereses, y van más lejos: al fondo del pasillo se les aparece Netanyahu azuzando agravios contra el Gobierno europeo que ha reaccionado con más contundencia contra su intento de genocio en Gaza. A su vez, los ministros socialistas andan a la gresca con pretextos competenciales, alusiones tóxicas a la eficacia de los servicios de prevención que corresponden a cada cual o a matices gruesos en sus análisis acerca del origen de la crisis, incompatibles entre sí. La lejanía vacacional de Sánchez y la resistencia inicial a crear un mando único parecen haber contribuido a que sus ministros se desfoguen sin criterios convergentes haciendo de muro de contención al presidente, inédito hasta que comparezca en el Parlamento el próximo jueves.

El delegado del Gobierno, Francisco Lucas, no muestra inquietud si no se rebasa el cupo de pateras que ha normalizado a su criterio

Israel al fondo

Por su parte, la oposición popular cree ver en la voluntad gubernamental de apaciguamiento con Marruecos una consecuencia del espionaje sufrido por Pedro Sánchez a través del sistema israelí Pegasus, cuyos informes estarían en manos del rey Mohamed, y cuya primera pista se habría ofrecido con el inesperado giro del Gobierno en relación al Sahara, que no ha sido explicado en el Parlamento ni a sus socios de Sumar, y menos a una militancia tradicionalmente solidaria con las reivindicaciones del pueblo saharaui. Véase que, de una manera u otra y con distintas perchas, tanto la izquierda como la derecha ven a Israel, ya digo, al fondo del pasillo, sin preocuparse de que sus análisis sean percibidos como teorías de la conspiración. En cuando a Vox, su posición es la previsible: la agitación, el totum revolutum.

Buscadores de gangas

En este magma, el sustrato electoralista aparece como el habitual juego de trileros. El PSOE intenta desplazar la atención sobre la evidente ineptitud con que ha gestionado el problema (admitida en su interior) hacia las consecuencias derivadas de la atención humanitaria, que sabe motivo de conflicto entre PP y Vox. Pero el PP, por una vez, parece buscar el enfoque en lo relativo a la geopolítica y la mera gestión de la crisis, eludiendo la criminalización de las otras víctimas, además de la población ceutí: los desplazados a Ceuta. Por otro lado, los populares han logrado un gran triunfo político: la mayoría de sus sugerencias sobre la crisis han sido implementadas por el Gobierno inmediatamente después de que Sánchez regresara de La Mareta. Esto, tal vez, admitámoslo, porque eran de sentido común, aunque lleguen con retraso.

Las pateras murcianas

El presidente murciano, Fernando López Miras, ha interpretado que la cadencia de pateras a las costas de la Región tiene que ver con el caso de Ceuta, pues los inmigrantes derivarían hacia Cartagena por la estricta vigilancia que en este momento se produce en la zona del Estrecho y ha pedido el despliegue del Ejército para disuadir al flujo. Al delegado del Gobierno, Francisco Luvas, esta solución le parece hiperbólica, ya que según sus datos el número de inmigrantes llegados a nuestras costas no supera el de años anteriores.

El presidente exagera, sin duda, espoleado tal vez porque este agosto la presencia de bañistas en las playas de arribada ha provocado un impacto más consistente que cuando la escena se recibe rutinariamente en las noticias residuales de los telediarios. Pero las pateras que llegan a la Región, antes de Ceuta y durante Ceuta, y las que recibirá después de Ceuta, no parecen obedecer al hecho político de Ceuta, sino a la actividad de las mafias que se sirven de los inmigrantes. Sin embargo, la relevancia acentuada por los acontecimientos de la frontera sur ha permitido sacar a la luz el deficiente equipamiento de las Fuerzas de Seguridad para la vigilancia de las costas, que sufren sus agentes en primer lugar, además de esa actitud de cálculo de Lucas, quien no muestra inquietud por la cuestión cuantitativa, como si hubiera normalizado el cupo que según su criterio ha de recibir la Región.

Lo razonable es dejar al Ejército para las cosas del Ejército, que no son dar golpes de Estado como en el 81 ni sustituir en sus cometidos a la Guardia Civil, siempre que el Gobierno dote a ésta de los medios técnicos, tecnológicos y equipamientos operativos y de personal acordes a la necesidad. Premisas que, por lo visto, están muy alejadas de la realidad.

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