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Opinión | TRIBUNA LIBRE

CÉSAR JAVIER CLAROS WANDOSELL

Pedimos al mundo que no se olvide de Venezuela

Venezolanos llenan botellas con el agua de la planta potabilizadora.

Venezolanos llenan botellas con el agua de la planta potabilizadora. / Bomberos por Bomberos ONGD

Una vez más, el terremoto, la tragedia y el sufrimiento de un país y de su pueblo.

Esta vez le ha tocado a Venezuela, siendo La Guaira una de sus zonas más castigadas, donde su gente nos hablaba de la gran vaguada del año 99, un deslave ocasionado por las intensas lluvias, en el que nunca se conoció la cifra exacta de fallecidos. Se trata de un territorio cuyas condiciones geográficas y configuración urbanística provocan que cuando la naturaleza azota, las consecuencias son devastadoras.

Tuve la oportunidad en enero de 2010 de trabajar en la emergencia de Haití. Otra catástrofe humanitaria derivada de un sismo. Otro desastre de una magnitud desmesurada. Mucha gente me pregunta acerca de la comparativa entre ambos casos.

En cada respuesta me asalta la misma palabra, que es para mí el denominador común a todas estas situaciones: el caos.

Sin embargo, no tenemos que irnos a Latinoamérica o Asia, donde la tierra nos recuerda con más intensidad lo pequeños que somos ante ella. Lorca, año 2011, de nuevo, el caos.

Es inevitable. Debemos estar preparados, por supuesto. Pero la experiencia me dice que los humanos nunca lo estaremos lo suficiente.

‘Venezuela renace’ es el eslogan creado por el gobierno de la república, haciendo un llamado a la resiliencia, a la superación. Los venezolanos lo han convertido en su seña de identidad. Y hay una cosa que tengo muy clara. Si alguien puede salir de esto, son ellos.

Daños causados por el terremoto en Venezuela.

Daños causados por el terremoto en Venezuela. / Bomberos por Bomberos ONGD

Podría reproducir las innumerables historias que he escuchado hace unos días allí. Padres y madres que hablan de sus hijos fallecidos bajo los escombros, familias enteras desaparecidas aún bajo ellos, rescates milagrosos... Pero prefiero el recuerdo de una anécdota que me demostró en primera persona el carácter del venezolano:

Nos encontrábamos ascendiendo por una montaña de escombros y forjados colapsados de lo que antes era un edificio de más de quince plantas. Decenas de personas trabajando en el lugar durante horas y días, retirando los trozos de hormigón con sus propias manos ante la carencia de recursos para conseguir acceder hasta sus seres queridos, sin esperanza alguna de vida, pero con el objetivo de darles una digna despedida. En nuestro ascenso nos cruzamos con algunos que descendían, buscando una zona en la que descansar y recobrar fuerzas. Y al vernos, nos preguntaban, preocupados, si habíamos comido.

Eso me marcó mucho. Me resultó muy significativo de cara a entender cómo son, su hospitalidad y el agradecimiento mostrado. No cabe duda. Son de otra pasta.

Nosotros, como integrantes de Bomberos por Bomberos ONGD, hemos estado recientemente para realizar una labor prioritaria, porque cuando todo tiembla, lo que está sobre la superficie se destruye, y también lo que está bajo ella. Me estoy refiriendo a las tuberías y canalizaciones de agua.

Miembros de Bomberos por Bomberos ONGD realizando laborales de ayuda tras el terremoto.

Miembros de Bomberos por Bomberos ONGD realizando laborales de ayuda tras el terremoto. / Bomberos por Bomberos ONGD

Cuando decidimos arrancar con el proyecto de llevar hasta el país una planta potabilizadora y ponerla a funcionar en la misma zona cero de la emergencia, no imaginábamos que la pequeña gota de agua que humildemente estábamos aportando venía siendo una necesidad crítica para los guaireños desde antes del terremoto. Según datos de la propia administración regional, apenas el 60% de la demanda de agua potable estimada era cubierta. La población de diversos sectores sufría restricciones prolongadas, con comunidades que la recibían únicamente una vez por semana e incluso una vez al mes.

Los terremotos no han hecho sino agravar esta vulnerabilidad preexistente mediante daños en las redes de distribución, sistemas de almacenamiento, pérdida de los depósitos domésticos (fundamentales para afrontar la irregularidad previa del suministro), viéndose incrementada la dependencia de cisternas y puntos de abastecimiento alternativos.

Estamos muy orgullosos tanto del proyecto realizado como de los resultados que se están obteniendo, los cuales van en creciente aumento día tras día.

Pero aún lo estamos más con todos los que han hecho que ello sea posible gracias a su financiación y aportaciones (UCAM, Aguas de Murcia, Veolia, Ayuntamiento de Murcia, Bomberos y, como no podía ser de otra manera, toda la gente que ha contribuido solidariamente). Una vez más, los murcianos han demostrado que cuando se trata de sumarse a estas causas, siempre están ahí.

Recuerdo que cuando estuve trabajando en diferentes proyectos de cooperación en Haití tras el terremoto, se consiguió dar difusión a un lema: ‘Pedimos al mundo que no se olvide de Haití’. Por desgracia, es una constante en todas estas catástrofes. Cuando dejan de ser mediáticas el foco de atención se retira y tienden a caer en el olvido.

Me gustaría retomar el eslogan, adaptarlo y clamar con fuerza: ‘Pedimos al mundo que no se volvide de Venezuela’.

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