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Opinión | Misa de doce

Ángel Cruz

Ángel Cruz

Director de la Filmoteca Regional

Mestizo

Este verano ando bastante afanado, amén de mis quehaceres filmotequeros, atendiendo a mis obligaciones investigadoras inherentes a mi condición de doctorando. Una de mis líneas es Mestizo, y cuanto más empapo del tema más me maravillo. El Colectivo Mestizo, por si hay algún lector despistado que no sepa de qué va la copla, fue una de las iniciativas culturales más influyentes de la Región de Murcia durante la década de los 90.

Fue fundada en noviembre del 92 como respuesta a un modelo de gestión cultural que, tras los grandes fastos del 92, muchos consideraban agotado, poco conectado con la ciudadanía y excesivamente dependiente de las administraciones públicas.

Sus fundadores: Paco Salinas, Joaquín Cánovas, Ángel Haro, Vicenta Hellín y Paco Martín, defendieron que la cultura debía impulsarse desde la sociedad civil, con autonomía, independencia y libertad frente a intereses políticos o ideológicos, apostando por el mestizaje cultural y el diálogo entre disciplinas artísticas.

Sus fundadores procedían de ámbitos diversos como la fotografía, el cine, el teatro, las artes plásticas y la música, lo que otorgó al colectivo un carácter multidisciplinar que soñó, e hizo realidad, la creación de un foro donde diferentes lenguajes artísticos convivieran y se mezclaran.

Su nombre condensaba la identidad y la filosofía de quienes lo impulsaron, convencidos de que la mezcla, el mestizaje y el diálogo entre culturas eran el destino al que debía aspirar cualquier manifestación artística.

Mestizo fue una apuesta cultural revolucionaria que combinó un modelo económico basado en recursos propios y apoyo institucional. Entre 1993 y 1999 organizó siete festivales multidisciplinares: Primera Entrega, A Proa, Otros Caminos, Sentido, En la Red, Con tacto y Antiextático. Cada edición abordó temas como la interculturalidad, la participación ciudadana, el papel social del arte, la influencia de los medios de comunicación o las posibilidades de las nuevas tecnologías.

Especialmente destacada fue la actividad cinematográfica coordinada por Joaquín Cánovas. Todos los lunes, en los cines de Centrofama, Mestizo programaba un estreno independiente en versión original, una novedad para la época. Los llamados Lunes de Mestizo acabaron erigiéndose en uno de los fenómenos culturales más singulares de la época y cada semana llenaban la sala convirtiéndose en la principal fuente de financiación del colectivo.

Recuerdo la primera proyección de Mestizo como si fuera ayer. Fue el lunes 25 de enero de 1993. Yo era un crío y mis padres me llevaron a ver el estreno de El sol del membrillo, la obra maestra de Victor Erice. A partir de aquella noche, nada volvió a ser igual.

A finales de lo 90 comenzaron las dificultades. La reducción de subvenciones públicas, la pérdida de ingresos del cine y la salida de figuras clave como Joaquín Cánovas y Paco Martín debilitaron el proyecto. En 1999 prácticamente cesó su actividad permaneciendo únicamente, hasta nuestros días, el sello editorial dirigido por Paco Salinas.

Sin embargo, su legado fue eterno ya que transformó la manera de entender la gestión cultural, situando a la ciudadanía en el centro de la creación e inspirando proyectos tan relevantes como La Mar de Músicas, la Filmoteca o Fotoencuentros.

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