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Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO

Reyezuelos sin corona

Hace tiempo que no me apetece lo más mínimo asistir a las juntas de las comunidades de propietarios que por derecho me corresponden. No es que yo sea un Gran Tenedor, el espantajo que alimenta el discurso guerracivilista de la izquierda en el tema de la vivienda, pero todo mi ahorro eventual entre crisis y crisis económica lo he destinado a invertir en ladrillo para asegurarme una jubilación decente.

En mi descargo diré que me jode profundamente la caza de brujas que nuestro Gobierno de izquierda radical ha emprendido contra los propietarios que alquilan su inmueble a turistas. Ahora es prácticamente un delito poner en rentabilidad tu propiedad cuando no la estás utilizando, sin perder la posibilidad de ocuparla cuando quieras o la necesites, como es mi caso. Según PSOE y Sumar, mejor dejarla libre e inactiva para una eventual okupación por algunos de sus clientes electorales. Lo incomprensible es que los mismos vecinos (empoderados por un decreto ley del Gobierno) tengan capacidad de prohibir ese uso, tan legítimo como el residencial, el temporal o tener la vivienda cerrada porque no te fías de alquilarla a potenciales alquiokupas.

La posibilidad de prohibir el uso turístico por mayoría cualificada ha puesto en evidencia que las comunidades de propietarios están presididas a veces por ociosos bienintencionados que de pronto se encuentran con mando en plaza en contraste con una posición profesional subordinada. En connivencia con el Administrador de la comunidad, que de esa forma protege su corralito, y con el apoyo de un grupito de afines se aprovechan de la desidia imperdonable de la mayoría de los vecinos como yo que no acuden a las juntas. En estas aprueban freírnos con derramas sin cuento, poner impuestos revolucionarios a las viviendas turísticas o limitar nuestros derechos como propietarios. La sabiduría popular dictó sentencia hace mucho tiempo: "Si quieres conocer a fulanico, dale un carguico". Tanta repugnancia me suscita el comportamiento de esos reyezuelos sin corona, sus cómplices y sus mariachis, que seguiré sin asistir a las reuniones de comunidad, aunque asumo que es un comportamiento irresponsable. Si no me gusta lo que deciden ellos, ya tomaré yo mis propias decisiones si están en mi mano.

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