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Opinión | Los imprescindibles

La palabra se alza contra el fascismo

La palabra se alza contra el fascismo

La palabra se alza contra el fascismo

Un día un escritor publica en su periódico un alegato contra el fascismo. Simplemente. Esa es la historia que cuenta Tabucchi en Sostiene Pereira. A Pereira le conocemos primero como un apacible crítico literario, hombre de hermosas ideas, profundas y sinceras. Viudo, sigue enamorado de su esposa muerta, con cuyo retrato habla contándole sus penas, su vida tal y como es ahora. Es verdad que el mundo se tambalea a su alrededor: el fascismo está dando su gran batalla por conquistar Europa hoy y, mañana, el mundo. Pero Pereira lee y escribe; su vida está consagrada al altar del pensamiento, del espíritu. No de la vana erudición. Pereira es un buen hombre; no le interesan tanto los datos vacíos o las apariencias como el saber y la contemplación. En su templo pocos pueden entrar; en su bien construida morada, los vientos que azotan el mundo no pasan de golpear las ventanas. Pereira está seguro.

Pero la vida es cambio y el alma de Pereira cambia. Sufre lo que los antiguos llamaban metanoia, que va más allá de un cambio de opinión. Diversas personas entran en el apacible mundo del periodista portugués. Una visión más nítida de las vicisitudes de la República española le hace reflexionar más y más. En el horizonte ve los negros nubarrones de la intolerancia. Los nuevos amigos que hace escriben de una manera nueva, que él no esperaba; escriben y denuncian lo que sucede en Alemania y en Italia. En Portugal hay también apóstoles del totalitarismo y se hace necesario combatirlos allí también.

Pero Pereira es mayor, casi anciano, piensa mucho en la muerte y le deleitan las necrológicas. ¿Podrá cambiar, comprometerse con la vida? La respuesta es sí, un sí no exento de dramatismo. Pereira escribe, burla la censura, se compromete. Para ello ha tenido que ver morir a un inocente. Ahora bien, el cambio en su mente, en su alma, es definitivo. Pereira se transfigura, parece rejuvenecer. Ha lanzado su columna de opinión como si fuera un dardo envenenado contra un sistema dictatorial. Y desaparece entre la multitud; no piensa en ello, pero con su arriesgada decisión nos ha señalado el camino a los demás.

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