Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | La nueva butaca

Hacer la plaza

Cuando viajamos en familia a una ciudad nos gusta madrugar y echarnos a la calle. Además de visitar museos, recorrer plazas y ver lugares emblemáticos, hay una parada imprescindible: los mercados de abastos. En esos lugares, algunos con un importante atractivo patrimonial e histórico, se venden productos frescos y de temporada. Entre los puestos, los placeros y quienes hacen la compra se respira, en gran parte, la esencia de esa ciudad.

Recuerdo aquellos fines de semana de mi infancia en los que solía quedarme a dormir en casa de mis abuelos maternos. El sábado era el día tan esperado. Mi abuela solía levantarse temprano para preparar la cocina del restaurante familiar. Yo la acompañaba mientras esperaba inquieta a que mi tío me recogiera para ir a hacer la plaza al Mercado de Verónicas. Sí… hacer la plaza.

Desde fuera ya se apreciaba el bullicio. Mi tío tomaba un café rápido en un bar de la entrada. Me encantaba meterme entre el gentío, escuchar conversaciones cruzadas y ver cómo hacía las compras para el restaurante. Íbamos de puesto en puesto eligiendo productos, al tiempo que él charlaba con placeros como el Pololo o el Pajarito. Preguntaba por el inicio de la temporada del langostino del Mar Menor, por los melocotones de Cieza o por lo sabrosos que estaban los tomates de Mazarrón… ¡Vamos, nena, que me lo quitan de las manos!

Con los años, aquella costumbre de infancia ha pasado a ser un hábito que comparto con mi familia. Estos días, en O Grove, disfrutamos haciendo la plaza. Recorrer pasillos, detenerse ante los puestos y observar ese ir y venir de la gente ya es un ritual. Se saluda, se pregunta y, sobre todo, se crean lazos: con la tendera que nos vende el albariño y el queso; con Xulia, la hija de la pescatera que nos pesa los bígaros; o con Ángela, quien, preguntada por la mejor nécora, responde con un «depende».

Ahora, en Murcia, tras la profunda rehabilitación y acondicionamiento de la planta superior del histórico Mercado de Verónicas, hay especial curiosidad por saber qué uso darán a ese espacio. Después de la fiebre gastronómica que ha convertido algunos de estos emblemáticos mercados nacionales en escaparates para la restauración, confieso que da vértigo pensar que Verónicas pueda perder su esencia para convertirse en otro circo gourmet con olor a fritanga, donde hacer la plaza quede en un simple recuerdo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents