Opinión | El que avisa no es traidor
Martinete del sátrapa alauí

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, junto al rey Mohamed VI, durante un encuentro en Rabat. / Borja Puig de la Bellacasa / EFE
Puestos a ser conspiranoicos toca ponerse con Marruecos, como antes esa derecha recalcitrante se puso con la pandemia y la libertad mientras los iluminados se veían regados por la fe antivacunas. Pero este verano toca el vecino más querido del sur, dado que los desastres ígneos parecen quedar anotados a beneficio de inventario. Lo otro, la nueva trapacería del PSOE con la moratoria nuclear, se deja para más adelante. Ahora, pues, toca el reino del alauí Mojamed, el VI, como el borbón Felipe: la ‘conspiranoiología’ más simple y al tiempo audaz indica que Rabat más que probablemente alentó o dejó hacer a sus súbditos para apretarle a España, primero, y erigirse después en fiero guardián de la frontera con la exhibición de fuerza del día de la Virgen de Agosto.
Razones para acciones semejantes nunca han faltado a los sátrapas marroquíes desde que el difunto Reda Guedira iniciara en 1963, cuando se negociaba lo de Ifni en la ONU, desde las páginas de su revista Les Phares la ofensiva propagandística sobre Ceuta y Melilla, cosa que, con otras, le valió ser personaje clave del Majzén del padre de Mohamed, Hassan II. Más tarde, en 1984, Guedira se dignó recibir en Addis Abeba a una compañera de AFP y al arriba firmante de la Agencia Efe para explicarnos, a mayor repercusión posible, por qué su 'Emir al Muminim' (Príncipe de los Creyentes) no se dignó aparecer en la XX cumbre de la antigua OUA en Etiopía: la organización panafricana había admitido a la República Árabe Saharui Democrática —el Frente Polisario, para entendernos—, al tiempo que reiteraba con marcadísimo interés la reivindicación marroquí de Sebta y Maliliya, nombres innecesariamente traducibles cuyos faros sirvieron a Guedira para convertirse en hombre clave de la satrapía alauí como consejero aúlico del monarca padre del actual.
Quiere decirse que en la tradición de esta satrapía está históricamente arraigada la costumbre de recurrir al chantaje territorial cuando alguna de las dos antiguas metrópolis (París o Madrid) hace algo a su disgusto. Costumbre que suele consistir, entre otras cosas, en una instigación clara a sus súbditos emanada desde ese ‘misterioso’ Majzén. París, fortalecida por la lejanía, se planta; Madrid, recula, como en la Marcha Verde.
Esa palabra 'Majzén del darya' (literalmente, ‘almacén’) se refiere a una especie de corte oficiosa que rodea al monarca, vela por sus intereses e integra no solo a los ministros cuyo nombramiento el Emir se reserva por encima del primer ministro —Exteriores, Defensa e Interior: el Trono mantiene así línea directa con todos los ‘servicios’ de inteligencia—. También están en ese nebuloso órgano los consejeros militares y económicos que ayudan en la gestión del imperio financiero Al Mada, antiguo ‘Omnium Nord-Africaine’, un fondo de inversión de propiedad real que controla la banca, la minería y las telecomunicaciones. Y, a través de esos rubros, prácticamente toda la economía marroquí.
La misma existencia decisoria del Majzén, sus pompas y sus obras pone en entredicho cualquier pretensión de caracterizar a la monarquía alauí como ‘democrática’, por mucho que sus portavoces mediáticos, numerosos en España (en Murcia y Almería especialmente), la presenten como ‘constitucional’, pues tiene Carta Magna. También la dictadura franquista tuvo Leyes Fundamentales.
El Príncipe de los Creyentes es, pues, según Forbes, inmensamente rico mientras, a pesar de algunos avances, la mayoría de marroquíes vive en la modestia del predesarrollo o en la miseria urbana y rural, como indican las tablas económicas de ese organismo internacional tan peligroso como es la OCDE. Por eso, en cuanto se les anima subrepticiamente a tomar las de Villadiego los jóvenes, sobre todo, asaltan la frontera norte más a mano, como pasó hace dos semanas. Y por eso, el día de la Virgen, el Majzén tomó medidas para frustrar otro asalto que, recordemos conspiranoicamente, bien podía haber sido instigado por ese mismo ente difuso: para demostrar de nuevo que son ‘ellos’ quienes mandan y deciden qué se hace y cuándo. Curioso: en el segundo asalto casi solo había subsaharianos y muy pocos magrebíes.
Por demás, la Corte oficiosa alauí no toma prisioneros ni muestra amistad leal. Le pasó al ahora demérito Juan Carlos con la Marcha Verde organizada por su ‘hermano’ Hassan II. Y le pasa a Felipe que comparte el ordinal VI con su ‘primo’ Mohamed. Pues, aunque sus padres se declararan amorosa cosanguinidad en primer grado, el único que parece mantenerla en segundo es el borbón español, tan democráticamente investido como su colega del sur.
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