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Opinión

jOSÉ ANTONIO MOLINA GÓMEZ

El llanto y la vergüenza

No fue el comienzo de nuestra lengua, sin embargo se suele señalar como el primer gran monumento de la misma. Desconocemos nombre alguno con quien asociar su autoría e identificamos más de una mano en la forja de este gran poema épico. Siendo, como son las epopeyas, reino legendario para mayor gloria del héroe, no supone esta inmersión un alejamiento desmedido del ámbito histórico. Reconocibles son los hechos y las personas, mucho más que en el Cantar de Roldán. El poema castellano vive pegado al suelo por el que pasan sus jinetes, y junto a la tierra, también sus gentes.

El alma de Rodrigo Díaz de Vivar y de cuantos le acompañan no es plana, no se rige por un estereotipo ni es material acomodaticio para encuadres dentro de los tópicos de la epopeya. Desde cierto punto de vista, estamos ante una pieza que tiene ya alma de novela. Los habitantes del poema sufren, muestran su dolor, sus ambiciones, sus virtudes y también sus pecados. Se logra la extraordinaria contradicción de una épica realista donde el valor y la excelencia de lo sublime no oculta el polvo del camino, el peso de las corazas, la miserable vida que aguardaba al desterrado que debe ofrecer su espada al mejor postor.

Su lealtad, sin embargo, no está en venta. Expulsado injustamente por un rey arbitrario, jamás emprende acción alguna que redunde en perjuicio de su señor. Su espada fue ceñida en total santidad, en buena hora, como un guerrero consagrado; su valor es digno de mejor causa, sería un buen vasallo si hubiese buen señor. Es el caballero desgraciado, desventurado pero leal, al que todos han dado la espalda menos Dios. Por momentos parece un rey David en tierras castellanas. Empero, lejos de ser una figura por encima de lo humano, Mio Cid sufre, padece, duda, añora a su familia. Si ejerce de paladín lo es por deber, no por vocación.

Esta gran obra, en la que escuchamos un castellano antiquísimo para nosotros, sigue resonando aún familiar en nuestros corazones. Pocas veces en el mundo ha comenzado una historia in medias res, de manera tan desgarradora, como vemos aquí, con su personaje lamentando los males que padece con un llanto abierto, fuerte y desconsolado.

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