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Opinión | Pulso político

Otro 18 de agosto sin Federico

No se trata de nostalgia, sino de reconocimiento, dignidad, respeto, verdad, justicia y reparación

Retrato de Federico García Lorca pintado en la fachada de la casa natal del poeta en Fuentevaqueros (Granada).

Retrato de Federico García Lorca pintado en la fachada de la casa natal del poeta en Fuentevaqueros (Granada). / EFE/Pepe Torres

Mañana, día 18 de agosto, se cumplirán noventa años del asesinato de Federico García Lorca. Hoy, transcurrido todo este tiempo, sus restos siguen sin ser localizados. Ian Gibson, el historiador hispano-irlandés que más ha investigado sobre la vida y las circunstancias de su asesinato, afirmó recientemente que «Lorca simboliza a todos los desaparecidos de España: no habrá reconciliación con 115.000 cuerpos en las cunetas», y añadió: «Un gobierno que sacó a Franco del Valle de los Caídos haría muy bien en seguir buscando el cadáver de Lorca».

Hechos como este, a los que podemos añadir otros no menos ominosos como la persistencia de símbolos ligados a la dictatura franquista o el revisionismo académico sobre lo que supusieron los avances culturales y sociales y el proceso de modernización de España impulsados por la Segunda República, hacen aún más necesario el cumplimiento y la aplicación de la Ley de Memoria Democrática.

No se trata de nostalgia, sino de reconocimiento, dignidad, respeto, verdad, justicia y reparación.

En la Región de Murcia, el camino que aún queda por recorrer en esta materia es especialmente difícil tanto por la actitud de Vox, un partido nítidamente fascista que defiende la dictadura franquista, como por la del PP, que continúa negándose incluso a condenar el franquismo.

Valga como ejemplo, entre otros muchos que podríamos aportar, la persistencia de la denominación del IES José Ibáñez Martín de Lorca, que continúa llevando el nombre del principal responsable de la depuración del magisterio español durante la dictadura franquista.

El caso del instituto lorquino es único en España. En Teruel, provincia en la que nació Ibáñez Martín, el instituto que llevaba el nombre del que fue ministro franquista de Educación entre 1939 y 1951, cambió en 2008 su denominación por la de IES Vega del Turia, a propuesta del Consejo Escolar y posterior aprobación de la autoridad educativa competente.

En 1940, durante la apertura del curso universitario en Valladolid, Ibáñez Martín se refirió a la depuración de maestros y maestras, afirmando que era «vital para nuestra cultura amputar con energía los miembros corrompidos, segar con golpes certeros e implacables de guadaña la maleza, limpiar y purificar los elementos nocivos».

En el Archivo General de la Administración constan 1.283 expedientes de depuración de maestros de primaria en la provincia de Murcia, de los que 310 tuvieron algún tipo de sanción: separación definitiva del cuerpo, traslado forzoso con inhabilitación, inhabilitación para ejercer cargos directivos y suspensión de empleo y sueldo. Once de ellos tuvieron aún peor destino: fueron fusilados entre 1939 y 1942.

Había que derrotar a la República no solo militarmente, sino también cultural e ideológicamente. El laicismo, la coeducación y la renovación pedagógica, así como la erradicación del analfabetismo y el fomento de la cultura, signos de identidad del ideario republicano, representaban, según Ibáñez Martín, la causa de la corrupción de los docentes que debían ser purificados «con golpes certeros e implacables de guadaña».

Su nombre sigue ligado a un centro educativo de nuestra región, sin que al Gobierno regional ni al consejero de Educación les cause el más mínimo rubor, vergüenza o remordimiento.

Tampoco parece causarle mayor preocupación al ejecutivo regional del PP la participación de nuestra comunidad autónoma en el Centenario de la Generación del 27, quizá por la vinculación republicana de buena parte de sus miembros. López Miras tiene que explicar por qué no ha ratificado la participación de nuestra región en el Pleno de la Comisión Nacional que prepara dicho evento, como sí lo han hecho otras 14 CC AA.

Da la impresión, Fernando, de que nombres como los de Carmen Conde, Antonio Oliver, Juan Guerrero Ruiz, José Ballester, Ramón Gaya o Miguel Hernández, no te suscitan mayor interés, como tampoco el hecho de que Jorge Guillén impulsara desde la Universidad de Murcia, en los años previos a la Segunda República, uno de los focos culturales más importantes de esta generación propiciando la participación de grandes escritores de la época en la revista Verso y Prosa.{"anchor-link":true}

Salud y República, Fernando.

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