Opinión | El retrovisor
Fayrén, el último político romántico
Todo un diplomático que contribuyó al progreso de Murcia sin escatimar esfuerzos

Antonio Gómez Fayrén en una imagen de 2005.
Me ha asaltado la duda a la hora de titular este artículo. También hubiera quedado muy bien titularlo «Esta es su vida», pero a mi protagonista todavía le queda mucha caña que dar. Sí, «Esta es su vida» hubiera sido perfecto para esos señores que asumen la retirada de la vida pública y menos pública que entrevistaba Federico Gallo, allá por los finales de los sesenta, cuando veíamos la televisión en blanco y negro sin queja alguna en un solo canal. El apolíneo presentador fue nombrado gobernador civil de Murcia, creo recordar que en los inicios de nuestra transición a la democracia. Digo apolíneo, porque así lucía al sentar sus reales en su despacho de la avenida de Teniente Flomesta. Cuando se marchó de Murcia y, gracias a la intervención del inolvidable Raimundo González Frutos, lo hizo orondo y bien cebado, al igual que ocurrió con Puskas y Kubala, entrenadores del Real Murcia. Todos ellos se marcharon luciendo grueso pescuezo y vistoso volumen.
Por aquellos días y por estas fechas agosteñas, el joven Antonio Gómez Fayrén seguía, por tradición familiar, metiendo los pies en las cálidas aguas de la Torre de Horadada, con la carrera de Derecho culminada y seguramente preparando las oposiciones a Inspector de Hacienda. Hablar de la Torre y de Fayrén quedaría descompensado si no nombrara a su novia, costilla, compañera, esposa y madre de sus hijos, María José Serrano. No recuerdo, excepto en la época colegial, a Fayrén sin María José, ni María José sin su Antonio. Algo que viene a confirmar que el amor existe de verdad.

Antonio Gómez Fayrén en una imagen de 2005. / L.O.
Gómez Fayrén es el superviviente político de toda una época feliz de Murcia, el deshacedor de entuertos, el político incombustible pese a que afirme estar retirado de la política. Su padre, el recordado alcalde de Murcia, Antonio Gómez Giménez de Cisneros, debió influir en la vocación política de su retoño. Antoñito Gómez Fayrén siempre fue un demócrata convencido, ya que sus compañeros de colegio jamás le vieron aprovecharse del coche oficial y sí patear a pie, un día tras otro, el paseo del Malecón camino del colegio. El fútbol fue siempre su gran pasión y destacó en su etapa marista como extremo en aquellos partidos de fútbol donde se vestían holgadas camisetas y zapatos ‘Gorila’.
Afirmó en alguna entrevista ser devoto admirador de Úrsula Andress en sus tiempos universitarios, cuando se dejaba llevar por la ensoñación ante los apuntes de don Mariano Hurtado y el Derecho Civil de don Manuel Batlle. Y allí, cegado por la luz del flexo, soñaba estar en la orilla del mar, viendo surgir a doña Úrsula de las aguas de la Torre, mostrándole caracolas, luciendo daga letal y un original modelo de bikini paleo-erótico que mostraba las macizas virtudes físicas de la rubia estrella que confraternizaba con Alberto Garre, digo con Sean Connery.

Antonio Gómez Fayrén y su esposa María José Serrano con el cardenal Ratzinger, futuro papa Benedicto XXVI. / L.O.
Fue en aquellos días en que la alopecia arreciaba. Tres amigos, uno de ellos era Fayrén, acudieron a los sabios consejos del barbero Bernardino Imbernón en la peluquería ‘Campillo’, en la plaza de Hernández Amores. El reconocido peluquero, previo análisis del cabello en una novedosa máquina, sugirió un milagroso champú que frenaba la caída del cabello de forma tajante. Los acompañantes de Fayrén adquirieron la pócima y nuestro protagonista no. Ambos amigos quedaron calvos como mazas; Fayrén, aún conserva su flequillo. Una anécdota que pone de manifiesto la «baraka» de la que siempre ha disfrutado don Antonio a lo largo de su vida.

Equipo de fútbol de la sucursal de los H.H. Maristas. Fayrén, agachado en el centro de la imagen. 1959. / L.O.
Hoy, Antonio Gómez Fayrén, aún en activo, disfruta de la compañía de sus otoñales camaradas en entrañables jornadas serranas, en las que los recuerdos suelen estar presentes como corresponde a su edad. Muchos nos preguntamos qué habría sido de Murcia si Fayrén hubiera sido alcalde siguiendo los pasos de su señor padre. De otro lado, la curiosidad nos lleva a preguntarnos ¿cuál fue el tema de conversación con el príncipe Alberto de Mónaco durante su estancia en Murcia en las olimpiadas de la juventud? ¿Le preguntó por sus hermanas Carolina y Estefanía, macizas ellas en aquellos días de vino y rosas, o tal vez sacó a colación la belleza de su madre, Grace Kelly, en películas como La ventana indiscreta? ¿Qué decir de su almuerzo con el entonces cardenal Ratzinger en Caravaca, en jornadas muy próximas a su elección como papa? ¿Le pediría el sacramento de la penitencia o tal vez una bendición para Murcia?
Una vida interesante la de Antonio Gómez Fayrén, el último romántico de la política murciana, el apasionado de su tierra, el que ganó adeptos por su humildad y buen hacer. Todo un diplomático que contribuyó al progreso de Murcia sin escatimar esfuerzos.
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