Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Los imprescindibles

jOSÉ ANTONIO MOLINA GÓMEZ

La utopía realizable

La portada de 'Un mundo feliz' de Aldous Huxley.

La portada de 'Un mundo feliz' de Aldous Huxley. / L. O.

La política se ha globalizado, los sistemas estatales han desaparecido y uno solo impera sobre toda la Tierra. Es sin duda el mejor de los mundos técnicos posibles. La ciencia está en la cima del altar, un altar por lo demás solitario, pues los demás dioses han enmudecido y muerto. De manera clara y pragmática se ha consagrado toda actividad a la supresión del dolor y la excelente gestión de los recursos y de la propia personalidad. Para ello es necesaria la extinción de la conflictividad en grupos. Grupos sociales y familiares han sido los responsables de las mayores matanzas y catástrofes sufridas por la humanidad.

Simplemente una ordenación científica de las clases sociales en castas, con límites, derechos y obligaciones fijados genéticamente, supondrá la victoria total de la tranquilidad, la armonía, el orden. Los celos, la violencia en el ámbito de la familia, las ambiciones personales desaparecerán con la abolición del parentesco, institución que debemos considerar abominable pues hace que muchas personas amen a otras, a las que denominan ‘seres queridos’, más que al resto de la verdadera gran familia universal. Porque así es: "Todo el mundo pertenece a todo el mundo". No queremos saber cómo era la vida antes de convertirse este planeta en un lugar maravilloso, ¿a quién le importa la historia de la selva y de los cavernícolas?

La ciencia puede imponer la fraternidad. Amémonos los unos a los otros en gigantes orgías comunitarias, mitiguemos el dolor con sustancias compartidas por todos, repartidas gratuitamente, bendigamos la presencia del soma que elimina el dolor, que apacigua la inquietud. Es verdad que algunos marginales habitan entre nosotros, pero se dejan recluir voluntariamente, se van a lugares donde no estorben y no sean un peligro para nadie.

Ya no es necesario hacer política o crear arte, no es necesario discutir, ni cuestionar cosas, sino simplemente vivir. Hay bolsas de pobreza en los márgenes de nuestro mundo, reproductores vivíparos, gente que aún lee ajados ejemplares de poetas antiguos de los que nadie guarda memoria. A esos les llamamos salvajes. La utopía somos nosotros.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents