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Opinión | Los imprescindibles

Asalto a la ciudadela de la memoria

Portada de Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

Portada de Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. / L.O.

El destino final de todo libro es sobrevivir en la memoria del lector. Esta supervivencia puede ser de mayor o menor intensidad. Una vez leído e interiorizado convive con nosotros durante años. A veces no llegamos a pensar en él, pero está ahí, como agazapado. De repente una vivencia lo trae a la luz y reaccionamos ante tal o cual estímulo con palabras prestadas, escritas quizá hace siglos, formuladas acaso en una lengua que ya nadie habla. Nos acompañan y nos asisten. Nunca pensamos, empero, en la necesidad de aprender los libros de memoria, en ser capaces de reproducir línea a línea cada uno de los pensamientos puestos por escrito illo tempore.

No es que se trate de algo desconocido para el género humano. En siglos antiguos se han aprendido de memoria libros sagrados o grandes epopeyas. En la época que Bradbury retrata hay algunas personas que obran al margen de la ley, que se han apartado del mundo reglamentado por un orden implacable que destruía los libros, todos los libros, y prohibía su lectura. Estos hombres, últimos rebeldes, aprendían memorísticamente toda la literatura y los transmitían oralmente a las nuevas generaciones. Destruido por orden pública el soporte físico, el paciente papel, quedaba tan solo la propia red neuronal para sustentar la historia, para evocarla y, en último término, para inmortalizarla, para enseñarla.

Son apenas una minoría esos hombres-libro, un último rescoldo del pensamiento autónomo. La distopía de Bradbury representa un mundo donde el autoritarismo ha triunfado sin excesiva violencia repartiendo grandes dosis de diversión a través de los medios de masas y con un desprecio desmedido por la mente, por las complicadas obras de la razón humana. Voluntariamente se abraza el placer y la ignorancia. A nosotros nos queda una única cosa por hacer: en algún momento dejaremos de llamarlo distopía para calificarlo sencillamente de realidad.

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