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Opinión | LOS IMPRESCINDIBLES

2001. Una odisea del espacio: Misterioso hallazgo en la Luna

'2001. Una odisea del espacio'.

'2001. Una odisea del espacio'. / L.O.

Hace millones de años, mucho, mucho antes de que la humanidad comenzara su andadura por la Tierra, una inteligencia superior dejó un testimonio material de su existencia, un antiquísimo monolito que portaba en sí mismo la esencia de su revelación. Al contacto con él la humanidad superaba la lentitud de las leyes evolutivas y se aproximaba cada vez más a aquella antiquísima inteligencia que habitaba el universo, que lo alentaba, que formaba con él un único ser.

Así habría comenzado la hominización; no de otra forma hubiera sido posible el nacimiento de la tecnología, de la fabricación de herramientas, el descubrimiento del fuego o la rueda. Todo ello llevó a la humanidad al espacio y la obligó a confrontarse con un nuevo límite, una frontera que inicialmente parecía insuperable.

La odisea espacial que describe Clarke es un viaje colectivo, el viaje de los hombres a través de las sombras hacia la luz infinita del conocimiento trascendente. La humanidad se deja atrás a sí misma, se supera, se lanza hacia delante a lo largo de las distintas fases de su desarrollo, desde el mundo casi animal, apenas salido de la espesura de la selva y de la hostilidad de las sabanas, hasta las alturas del universo.

Pero el universo parece vacío, un espacio infinito cuajado de estrellas que es mudo y silencioso, frío y acaso muerto. A punto de caer en un estancamiento generalizado, en un pavoroso non plus ultra, el contacto milagroso, nuevamente salvador, con la mente universal —aquella que fabricó el monolito— la impulsa de nuevo y la llama a su encuentro. Es una hermosa fábula, un sueño delicioso en el que creer. La humanidad amada por una mente providente y cariñosa, elevada, alzada a alturas divinas, hecha una en el todo.

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