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Opinión | La Feliz Gobernación

5.733 mujeres

Un momento de la manifestación del Día de la Mujer y contra la violencia de género que recorrió las calles de Cartagena el 8M.

Un momento de la manifestación del Día de la Mujer y contra la violencia de género que recorrió las calles de Cartagena el 8M. / Iván Urquízar

Aterra el número de mujeres asesinadas por violencia de género, pero ni siquiera podemos quedarnos ahí, pues el número de potenciales víctimas es estremecedor. En la Región de Murcia hay 5.733 sometidas al sistema de protección VioGén con distintos grados de amenaza, según publicábamos ayer. Menos ya serían muchas, pero las cifradas son a todas luces demasiadas, tanto como para establecer un estado de alarma. Podemos suponer la vida que llevan, con el latente temor a ser violentadas o de pasar a la estadística letal. En España son más de 104.000, que se dice pronto, y en Andalucía, donde las competencias autonómicas de protección han recaído en el vicepresidente, de Vox, partido negacionista de la mera existencia de la violencia de género, casi 28.000.

La lucha contra este fenómeno criminal se ve alterada precisamente por el hecho de que la ultraderecha ha introducido en el debate político el virus de la relativización en un paralelismo similar a cuando Herri Batasuna negaba la palabra terrorismo para calificar los atentados de ETA. A los ultras les preocupa más el aborto, apelando al ‘derecho a la vida’, que el sistemático asesinato de mujeres a manos de sus maridos, novios o amantes. Los hemos visto incluso despreciar la acción del ‘minuto de silencio’ en determinados casos.

No cabe atribuir a la ultraderecha la persistencia de la violencia de género, un atavismo que pertenece a territorios muy complejos, pero sí se le puede reprochar un principio implícito de legitimación al evitar incluso los téminos, poner énfasis en las denuncias falsas, que las hay, pero no son sustantivas, e intentar estigmatizar toda iniciativa de protección como propia de una supuesta ‘ideología de género’, que en todo caso existiría en relación a los propios ultras, que exhiben un imaginario de masculinidad rancia. En el fondo, el negacionismo que muestran de manera activa no es más que la espita por donde expanden su rencor contra las conquistas del feminismo.

Nos conmueven crímenes como el cometido en las instalaciones de Carrefour, pero lo sobecogedor es constatar que no se trata de un caso aislado. Hay 5.733 mujeres en esta Región que integran una tenebrosa ‘lista de espera’ y que se salvan porque las Administraciones públicas mantienen redes de protección. Y todavía hay quienes no quieren verlo. ¿En qué mundo vivimos?

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