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Opinión | LA PERDICIÓN

Mi revolución contra Bruselas

Botella de Plástico

Botella de Plástico / Sebastian Carrasco

Escribía Houellebecq, cito de memoria (y memoria ya tengo mucha menos por efecto de la benzodiazepina nocturna) que, si queremos oponernos al presente, se puede hacer una especie de ‘revolución fría’, no violenta, que consiste en echarse a un lado del curso de la sociedad.

Podemos hacer una contribución mínima y personal a esa revolución fría. Tratar de no hacer lo que hace el resto. No consumir, por ejemplo. Bueno, esto ya lo intentaron los jipis y fracasaron miserablemente. Es mejor consumir, pero aquello que a la burocracia de Bruselas le parece mal que consumas. Comer mucha carne, y española, nada de productos de Marruecos, o las botellas con tapones de rosca como los de antes. Yo suelo comprar en un supermercado de productos del Este más o menos europeo (a veces de Europa sólo tienen la geografía, de la cordillera de los Urales para acá). Como las cosas que nos vienen del Este pasan los mismos controles de la UE que las verduras y frutas con pesticidas potencialmente cancerígenos que nos vienen del tercer mundo, los productos que compro no están demasiado homologados. A la gente, ya sé, le cuentan que sí, que se fíe y no corra, como también le cuentan que hay que reciclar y luego va todo al mismo vertedero.

En mi supermercado, un supermercado antisistema para estándares bruselenses, no hay botellas con esos molestos tapones de rosca sellados al pitorro, que como todo el mundo sabe es la máxima contribución de la Unión Europea a nuestro bienestar como ciudadanos dentro del espacio Schengen... ¿O ya no hay espacio Schengen? Cada vez que abro una botella procedente de Ucrania, de Rusia, de Georgia o de otras repúblicas menos noticiables el tapón de rosca acaba cayendo en cualquier sitio. Como medio de protesta simbólica, como enmienda a la totalidad de una burocracia que sólo se gobierna, se tapa y se beneficia a sí misma no está mal. Un gesto.

Pienso en Von Der Leyen al girar cada botella y escuchar el castañeteo del tapón chocando con el suelo, y musito: «Ahí tienes la revolución fría, Úrsula, chúpate esa».

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