Opinión | Pan para Hoy
Cronista taurino
¿De qué escribo?

¿De qué escribo? / José Fernández Belmonte
A Marta, curiosa y valencianoparlante
"¿Y tú de qué escribes?". Fíjense que la pregunta no está mal tirada, con su verbo, su predicado y hasta su tono interrogativo perfectamente trasladable al papel. Bien, contesto: de lo que me va pasando, chiquilla, y cada vez que puedo, cuelo algo de Yugoslavia o de Morante de la Puebla. También cito a mucha gente para que me inviten a comer.
El lunes fue aburrido. Yo ya andaba con la mosca detrás de la oreja dispuesto a visitar Granada. Me enteré de que mi amigo Jose se había agenciado un cortijo con sus patitos y sus gallinas. Salí tras colgar el teléfono a lo maldita sea. En cuatro horas ya habíamos llegado.
Al día siguiente había que levantar una valla para limitar el espacio vital de las gallinitas, que reclamaban su Lebensraum. Movidos por los sucesos de Ceuta, nos aplicamos con esmero: a mí me tocaba desclavar palés, mientras otro los barnizaba y el resto los fijaba a la tierra con cemento fresco. Dirigía la empresa El Langui, bombero forestal, quien nos guiaba al trabajo como el mariscal Tito en los carteles de propaganda yugoslava (chupito). Jamás pensé que un tipo con ese apodo pudiera ser tan chambeador.
En esas estábamos cuando llegó un equipo de Televisión Española llamando a gritos desde la puerta. Preparaban un reportaje sobre cómo nos refugiábamos del calor. Fervi declaró que, como su abuelo no le dejaba poner el aire acondicionado, prefería subirse al monte a trabajar. El hombre, al enterarse de la intervención de su nieto, celebró que España se iba a enterar de "lo que es un viejo con dos cojones".
Con la obra terminada, la ruta continuó por el pueblo de Padul. Allí cultivamos la costumbre de la caña y la tapa, muy superior culturalmente. Eso no me impide denunciar la ignominia que sufre la ensaladilla rusa fuera de nuestra provincia. Por menos de eso se han dictado sentencias en La Haya.
Salté a Águilas el sábado. Si tienen cerca El Hornillo, no se pierdan El Rincón de los Casucos, que regentan mis amigos y encima está de muerte. Pasamos veinticuatro horas comiendo mucho, escuchando baladas de Julio Iglesias y despachando un vino formidable que puso a más de uno sentimental. Hasta me dio tiempo de ver la faena de Morante por Canal Sur (brindemos) mientras se encendía la brasa de la barbacoa.
¿Que de qué escribo? No es una mala pregunta. Mejor te diré por qué: la primera vez que se me publicó, dije que no existía fin más digno para estas letras que ser leídas por mi abuela y envolver las figuras de un belén. Pero mientras consigo lo segundo, voy a ver si me siguen convidando a comer.
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