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Opinión | El blog del funcionario

Murcia: una región sin personalidad propia

No tenemos símbolos que engloben un sentimiento regionalista. No hay nada que nos identifique como sociedad

Bandera de la Región de Murcia.

Bandera de la Región de Murcia.

Somos una comunidad autónoma uniprovincial, no porque tengamos una historia propia ni un pasado glorioso, sino porque en el reparto de los padres de la Constitución no hubo manera de encajarnos ni en Andalucía, ni en la Comunidad Valenciana y mucho menos con nuestros vecinos de Castilla-La Mancha, así que nos tocó hacer este viaje en solitario, y por si nos faltaba algo, cometimos un error histórico: tratar a Cartagena y su comarca como si fueran nuestros hermanos pequeños, o peor aún, algunos veían a la ciudad —que debería haber sido, como mínimo, la capital política de la Región— algo así como nuestro patio trasero.

El primer error fue la propia denominación: Comunidad Autónoma de la Región de Murcia; a partir de ahí, todo ha sido un camino lleno de tropiezos y humillaciones, hasta el punto de que Madrid decidía por nosotros quiénes nos debían gobernar.

Por no tener, no tenemos ni un himno que nos unifique. No hay símbolos que engloben un sentimiento regionalista, salvo algunos escritores, deportistas o artistas de los que sacamos barriga por haber nacido en este rincón. No hay nada que nos identifique como sociedad.

Una marinera, el pastel de carne, un paparajote o el Bando de la Huerta no es suficiente, y eso que tenemos una de las Semanas Santas más espectaculares de España, que es como decir del mundo. Me refiero a la Semana Santa de Lorca; o el mejor carnaval del Mediterráneo, Águilas; o unos Caballos del Vino, Caravaca, que pone a este municipio cada 2 de mayo al final de todos los noticieros.

Peor aún, hay quienes ante el desfile bíblico pasional sacan a relucir los Salzillos como referencia o el Encuentro en Cartagena, si uno levanta la Cruz de Caravaca, aparece enseguida la de Cehegín con su historia, hasta incluso no se habla en nuestros colegios e institutos de la verdadera razón que llevó al Obispado de Cartagena a ‘trasladarse’ a Murcia.

No tenemos ni un maldito toro de Osborne en nuestra geografía autonómica, no hay sentimiento regionalista. Los dos intentos sociales y políticos que ha habido, PADE y Somos Región, fueron aplastados por partidos nacionales; incluso Alberto Garre, el expresidente que se atrevió a decir que «el emperador iba desnudo» PAS, sucumbió a la llamada ultra de Santiago Abascal.

Seguir cerrando los ojos ante la realidad no nos hace más murcianos, sino más españoles y menos reivindicativos, y eso no es una fortaleza para nuestros intereses, sino una gran debilidad. Mientras sigamos este camino, seremos una provincia del montón, esos que van siempre a remolque y en el último vagón.

Nuestro peso político es el que es, y a las pruebas me remito: AVE, infraestructuras, Mar Menor, Portmán, agencias estatales o el propio aeropuerto, que al final se denomina «el de Corvera», la enésima prueba de nuestra capacidad de decisión.

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