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Opinión | Los imprescindibles

Profesor de Historia Antigua de la Universidad de Murcia. De la Real Academia Alfonso X el Sabio

Por senderos inexplorados

Portada de 'Viaje al Centro de la Tierra" de Julio Verne.

Portada de 'Viaje al Centro de la Tierra" de Julio Verne. / L. O.

Muchos la recordarán como su mejor obra de aventuras. El descenso a las profundidades, a las entrañas de la Tierra para demostrar la existencia de un mundo dentro del nuestro, una prodigiosa dualidad. Este viaje al interior es una catábasis moderna, una Divina Comedia para una sociedad tecnificada que cifra sus esperanzas en el progreso material.

Para el género humano en tiempos de Verne, el mundo de lo real, aquel que era accesible a través de los sentidos y de los instrumentos de medición, se había quedado pequeño, el planeta entero cabía en una hoja de papel. Un nuevo horizonte, sin embargo, se abría a través de las fauces de un volcán. Nada menos que la puerta hacia la última frontera, la última mancha blanca del mapa, la terra incógnita de las fosas abisales.

La expedición destinada a desvelar las últimas tinieblas de la humanidad es eminentemente racional. Representa el triunfo de la mente. Un científico la acaudilla. Son auténticos espeleólogos dotados del instrumental necesario para cartografiar las nuevas regiones que se abrirán a su paso. Una gesta como no ha habido otra desde los tiempos de Colón. Asombrosas aventuras les aguardan: el descubrimiento de parajes ignotos, de mares interiores batidos por el oleaje bajo un cielo formado por una gigantesca bóveda de roca; criaturas desconocidas que habitan aquellos rincones y que parecen extraídas de los tratados de paleontología; a lo lejos, incluso, una figura gigantesca, antropomorfa, a la que no se acercan por puro terror, de un pastor apacentando un rebaño de mastodontes.

Al regresar a la superficie, ascendiendo a través de los infiernos como antaño lo había hecho Dante, no consiguen, empero, un triunfo para la ciencia ni para la razón. Han conquistado las tinieblas siguiendo las indicaciones cifradas de un misterioso predecesor, han sufrido miedo, auténtico terror para acceder a un conocimiento vedado a la humanidad, ellos se han convertido en los iniciados, en los verdaderos sabios de un viaje que, como sabemos, nadie después de ellos volverá a repetir. Han muerto simbólicamente entrando en la Tierra y han vuelto a nacer saliendo de ella. No es la ciencia la que gana, es el mito. Verne señaló el estandarte triunfante del mito por entre las ruinas de la razón humana. Mircea Eliade amaba esta novela.

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