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Opinión | Hablando al aire

El río que nos sigue llevando

El río Segura a supaso por Cieza.

El río Segura a supaso por Cieza. / Alberto Sánchez

Un verano que se precie en Cieza no puede dejar de incluir el baño en el río. Unos chapuzones que nos devuelven a los días de aventura y libertad de nuestra adolescencia, pero también nos reconcilian con el paso del tiempo y el incesante fluir del agua y de la vida. Thader para los romanos, río Blanco o Bermejo para los hispanoárabes, Segura para nosotros, nacen sus aguas en una surgencia cerca de Santiago de la Espada, en Jaén, y desemboca en Guardamar, en Alicante (dos territorios, por cierto, que pertenecieron en otro tiempo al antiguo Reino de Murcia). Pero a su paso por Cieza sigue siendo, sobre todo, un río que nos lleva.

Bajar a nado desde la Brujilla hasta el Diente Migalo y la Presa, dejándose arrastrar por la corriente, es uno de esos placeres antiguos y sencillos que solo la naturaleza sabe regalar. Este verano, sin embargo, el paisaje ha cambiado. La Confederación Hidrográfica del Segura está eliminando la caña invasora para recuperar el bosque de ribera. Por ahora, lonas negras cubren largos tramos de sus bordes. La vista se resiente. Si es verdad que dentro de unos años, eliminadas las cañas, las orillas vuelven a poblarse de chopos, sauces, adelfas y rosales silvestres, esta distorsión habrá merecido la pena.

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