Opinión | TRIBUNA LIBRE

Diputada del Grupo Mixto en la Asamble a Regional
Las mafias volverán a hacer su «agosto»
El aumento de población en verano agrava la escasez de efectivos y deja a la Región más expuesta al narcotráfico y al tráfico de personas.
El problema se agrava, recurrentemente, cada verano. Mientras la gente intenta disfrutar de sus vacaciones y el turismo llena nuestra Región, los traficantes de personas y de drogas harán su particular «agosto». Saben perfectamente que, en estos meses, el margen de maniobra de la Policía Nacional y la Guardia Civil cae bajo mínimos absolutos. Si durante el resto del año las plantillas ya no dan abasto para vigilar las calles e interceptar desembarcos, en verano la situación directamente salta por los aires. Durante estos meses la población se triplica, pero no así los agentes destinados a protegernos. Y esto no es un fallo de cálculo, sino un acto intencionado del Gobierno central que se repite año tras año.
Las mafias lo saben y lo aprovechan. Tienen perfectamente estudiada la falta de personal y la fatiga acumulada de los agentes. Es una cuenta matemática tan sencilla como indignante: a mayor saturación de trabajo policial en las calles, menor vigilancia en las costas y mucha más impunidad para el crimen organizado.
El resultado de esta falta de medios, tanto personales como materiales, es que la inseguridad no para de crecer en toda la Región. Por un lado, asistimos a la entrada de droga a plena luz del día, con lanchas rápidas de gran potencia que descargan fardos mientras los ciudadanos miran atónitos desde la orilla. Por otro lado, sufrimos la llegada continua de inmigración ilegal organizada por redes clandestinas que ganan fortunas por traer gente en condiciones deplorables, con la colaboración de las organizaciones subvencionadas que los acogen. Todo esto genera un miedo cada vez mayor entre los vecinos, alimentado por la delincuencia importada de aquellos que no vienen a trabajar honradamente, sino a delinquir y a aprovecharse de que en España nadie vigila en serio las fronteras, ni se garantiza el cumplimiento estricto de nuestras leyes.
Frente a este doble problema que arruina la convivencia y la paz, la respuesta del Gobierno central sigue siendo la misma de siempre: mirar para otro lado, guardar silencio y tirar de excusas baratas. En lugar de declarar la costa murciana como Zona de Especial Singularidad, lo que supondría mandar más agentes de forma permanente, traer patrulleras pesadas de verdad y reforzar la vigilancia fronteriza con medios modernos, el Gobierno de Pedro Sánchez prefiere hacer como si no pasara nada mientras la delincuencia desborda la tranquilidad de nuestra Región. Esta deliberada actuación institucional es absolutamente irresponsable y deja vendida no solo a toda una comunidad autónoma, sino también a todos los que vienen a visitarnos.
En medio de todo este caos, la actitud del PSOE de la Región da verdadera vergüenza por su sumisión absoluta a lo que dictan desde Madrid. Los mismos dirigentes socialistas murcianos que corren a aplaudir cualquier consigna propagandística que les manda Moncloa se quedan mudos cuando las asociaciones de guardias civiles y policías denuncian que tienen las manos atadas frente a bandas organizadas que van con mejores medios que ellos. Poner sus sillones por delante del pedido de ayuda de los agentes y de los vecinos es, en la práctica, dar la espalda a toda la sociedad. Pero ya sabemos que al PSOE y a sus socios nunca les han gustado nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, especialmente la Guardia Civil.
Es inadmisible que quienes deben velar por la ley y el orden vivan bajo el desprecio presupuestario de un Gobierno central volcado únicamente en sus pactos políticos con quienes solo quieren destruir España. Los agentes destinados en nuestra Región no solo son pocos, sino que, además, se ven obligados a combatir a mafias fuertemente armadas y con tecnología punta utilizando medios obsoletos y escasos, una injusticia que pagamos directamente los ciudadanos con el aumento del crimen.
El buenismo de despacho, la blandura ante el narcotráfico y el descontrol total en las fronteras no traen tranquilidad ni integración; lo único que traen es más mafias, más drogas y más delincuentes. El socialismo ha permitido que nuestras costas se conviertan en un coladero sin ley donde los mafiosos campan a sus anchas porque saben perfectamente que no hay un Estado dispuesto a pararlos en seco. Frente al crimen organizado no caben las medias tintas; se necesita determinación institucional y tolerancia cero. Si de verdad queremos recuperar la paz y la seguridad, lo primero que hay que cambiar es a quienes defienden en Madrid lo que es de todo punto indefendible en nuestra Región.
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