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Opinión | El que avisa no es traidor

El verano de los fuegos

Un bombero forestal combate el incendio de Los Gallardos (Almería).

Un bombero forestal combate el incendio de Los Gallardos (Almería). / EMA INFOCA / Europa Press

El verano de 2026 será recordado como el verano de los fuegos en España. Y en Portugal. La Península Ibérica se revela como el territorio europeo con el mayor riesgo de destrucción forestal, también de patrimonio inmobiliario, este verano. La tragedia de Los Gallardos no debe repetirse, aunque la concatenación de unos fuegos con otros en casi todo el Estado desde entonces hace temer cosas peores, que no tienen necesariamente por qué llegar. Hay un patrón que se viene repitiendo desde hace varios años: las protestas de los llamados "bomberos forestales" por el recorte de recursos y de personal que sufren en varias comunidades autónomas y que solo se dice que va a ser solucionado cuando el fuego ya ha realizado su labor destructiva, favorecida por las sucesivas olas de calor que antes de que se cumpla la mitad del estío ya se han abatido sobre todo el continente.

Lo de los bomberos puede parecer una anécdota, que no lo es, comparado con la crisis climática en la que ya está inmerso todo el planeta y que en el verano europeo se manifiesta, como este año, en récord tras récord de temperaturas máximas cuyo corolario vienen a ser los devastadores incendios.

La ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, lleva tiempo predicando en el desierto negacionista sobre la necesidad de alcanzar un Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática. Es en ese desierto donde caen, improductivos, sus mensajes sobre ese acuerdo general para afrontar la crisis de calor extremo que tenemos encina puesto que más de la mitad del territorio tiene gobiernos autonómicos con pactos recién firmados que otorgan a los negacionistas climáticos españoles por excelencia, la ultraderecha abascaliana y trumpista, un papel preponderante y condicionante en las administraciones regionales.

A esos recién establecidos ejecutivos en Extremadura, Aragón, Castilla y León, Valencia y Andalucía hay que añadir los de Murcia, donde Vox es determinante en la acción de gobierno como bien se viene observando desde que empezó la legislatura actual, y Madrid, comunidad en la que la presidenta IDA se basta y se sobra ella sola para enfrentarse a cualquier atisbo de mejora de medidas ambientalistas.

Parece condenada a un nuevo fracaso, por tanto, la pretendida convocatoria para septiembre por Aagesen de una gran reunión de partidos, gobiernos regionales, agentes sociales, económicos, etcétera para tratar de ese Pacto de Estado anticrisis climática. Tal que fracasaron las convocatorias sobre las nuevas medidas migratorias, el acogimiento de menores, la re-financiación autonómica...

No importa que "el negacionismo y retardismo ponen en riesgo vidas humanas, nuestro patrimonio natural y nuestro futuro", según afirmó la ministra el 15 de julio pasado. Aunque también hay que señalar que el Gobierno del Estado ha estado remiso en plantear una iniciativa como esa que en algunos sectores se veía necesaria desde hace años y especialmente desde la ocurrencia de los grandes incendios de Portugal nada menos que en 2017, son muy reales las dudas sobre el eco que habría encontrado si se hubiera realizado antes.

Sea como sea, la realidad es la señalada el jueves mismo por la ministra: en lo que va de 2026 han ardido cuatro veces más hectáreas (108.000) que las quemadas a estas alturas del año pasado. Quedan dos largos meses de calores extremos esporádicos pero recurrentes. Nadie puede predecir ni cuánta superficie se quemará por añadidura ni cuántas vidas humanas y patrimonio natural e inmobiliario estará en peligro inminente hasta que se inicie el otoño climático.

Lo que desde luego no parece es que los promotores de la "prioridad nacional" vayan a entrar en razón y caer en la cuenta de que, hoy por hoy, no es esa que proponen la idea realmente preocupante en términos de mantenimiento de las vidas, propiedades y entorno de todos los habitantes del territorio. Independientemente de su sexo, religión, origen o afinidades sociales y políticas. Si la nueva "salvación de los puros" ha de ser como dicen, al margen de que también ellos tienen derecho a un medio saludable, el verano de los fuegos pasará (ya la está pasando) su carísima factura. A todos.

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