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Opinión | La Feliz Gobernación

Las telecomecocos

TVE ensaya el modelo de la nueva televisión de Sánchez para el caso de que el PSOE perdiera su control mientras la concesionaria de La 7 renovará el contrato por los servicios prestados a López Miras

Instalactitas 5.

Instalactitas 5. / AKIKO

Hace unos meses, el Gobierno central licenció un nuevo canal de televisión generalista para la TDT que recayó, sin sorpresa para nadie, en un grupo de accionistas de El País que primero intentaron presentar el proyecto bajo el paraguas del grupo editor de ese periódico, y después lo hicieron por su cuenta ante la negativa del presidente de Prisa, que no lo valoró rentable. No se tiene noticia de que el adjudicatario tuviera competencia, pues era público y notorio desde hacía más de un año que el nuevo juguete sería para un notable activista del PSOE, José Miguel Contreras, impulsor también en su día de la primera La Sexta antes de que la vendieran a A3Media.

Es inevitable sospechar que Pedro Sánchez se ha dotado a sí mismo de un nuevo canal en la previsión de que en las más o menos inmediatas elecciones pudiera perder el control de RTVE, convertida ya sin ningún escrúpulo en la correa de transmisión de la agitación y propaganda sanchista. De hecho, TVE está ensayando la fórmula que Contreras anuncia que será la seña de identidad del nuevo medio, titulado La Séptima: la tertulia infinita, desde la mañana a la madrugada.

Así ocurre ya en la televisión pública, donde el doctrinario oficial del Gobierno se despliega en zigzag a todas horas, corrompiendo incluso a La Dos, que hasta esta fase había venido siendo respetada como un oasis para la divulgación cultural. En TVE tan solo conservan su reputación los telediarios y los tradicionales programas dependientes de los Servicios Informativos, que son elaborados por profesionales de la casa, molestos, como vienen expresando reiteradamente a través de sus comités, con la invasión de soldados de fortuna que han hiperbolizado el sesgo gubernamental. Alguno de los más radicales, como Javier Ruiz, dispondrá de un privilegiado destino en la nueva televisión protosocialista, que iniciará sus emisiones en noviembre, tal vez en coincidencia con la campaña electoral.

La Séptima no emitirá informativos tradicionales, porque aparte de ser lo más caro, obligan a piramidalizar las noticias con cierto rigor y a ofrecer todas las versiones; sin embargo, la tertulia infinita puede discurrir caprichosamente por aquellos asuntos que sus conductores prioricen. Para dar sensación de pluralidad es habitual convocar entre quienes siguen la línea editorial implícita al llamado ‘testigo falso’, que expone el consignario del partido contrario, generalmente con pocas luces, pues es convenientemente elegido para el papel de payaso de las bofetadas o, para como ha dicho recientemente una tertuliana inadvertida, evitar "comer mierda". La tertuliacización, si es que esta palabra existera, de la política es lo contrario de la información y el análisis ponderado. Y, pronto, esta tendencia será redoblada.

De TelePedro a TeleMiras

Pero si estaba cantado que Contreras sería el beneficiario de la televisión colchón de Sánchez en previsión de que se vuelvan las tornas, también lo está que la actual empresa explotadora de La 7, la autonómica murciana, renovará su contrato, tras haber hecho sus deberes con el Gobierno regional. El primer indicador de que esto será así es que la publicación de la convocatoria para la nueva licencia se ha producido en plena canícula, cuando posibles grupos competidores no disponen presumiblemente de todos sus efectivos para promover una alternativa que de antemano se consideraría incierta, dados los supuestos de inducción. El concurso para la renovación contempla un aumento presupuestario de casi el 30% respecto del anterior, encomendado a mejoras abstractas, y supone un total de cien millones de euros a lo largo de cinco años, hasta 2032, más allá del siguiente mandato político, a unos veinte millones por anualidad. La 7 dispone además del privilegio de poder financiarse también, frente a RTVE, con publicidad, compitiendo ventajosamente con el conjunto de los medios privados.

En La 7 son los informativos los que llevan la carga de la propaganda gubernamental, pues apenas hay tertulias, y si alguna hay, incluye a miembros de la vieja guardia socialista con los que cumplen teóricamente la cuota, aunque éstos sean tan críticos con el PSOE como los ortodoxos del PP. De debates, ni hablamos, no vaya a ser que se cuele algún asunto vetado o alguna opinión libre. Aunque, en realidad sería difícil encontrar a un ciudadano que fuera capaz de improvisar el título de al menos tres programas de esa emisora, tal es su falta de tirón para abocar audiencia en unos informativos en que López Miras está más presente que el presentador. No es extraño cuando la escaleta de los noticieros se somete a la agenda que se dicta desde San Esteban, pues todo queda en familia.

El PSOE ha criticado este modelo de televisión, que califica algo así como de propaganda para el Gobierno con dinero público. Y no le falta razón, salvo que carece de autoridad moral para hacerlo, a la vista de que la televisión pública nacional responde al mismo esquema. Pedir un cambio del sistema es predicar en el desierto, pues quien puede eliminar estos desajustes es la misma clase política que se beneficia, aquí o allá, de estas condiciones perversas, de manera que los ciudadanos seguirán financiando a quienes les quieren comer el coco. O lo intentan.

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