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Opinión | Misa de doce

Ángel Cruz

Ángel Cruz

Director de la Filmoteca Regional

¿Vacaciones en verano?

Bañistas en la playa; al fondo, el Faro de Cabo de Palos.

Bañistas en la playa; al fondo, el Faro de Cabo de Palos. / L. O.

Vacaciones. Nunca una palabra pudo condensar tantas expectativas y a su vez ser tan efímera. Y es que nos pasamos todo un año anhelando su llegada y cuando por fin llegan, el tiempo se acelera de manera endiablada y lo que era un anhelo se convierte en un recuerdo en apenas un pispás.

Recuerdo aquellas vacaciones eternas de la infancia. Vacaciones en la playa en las que el tiempo se detenía y el verano parecía infinito. Esa sensación, seguro que ustedes también la reconocen, de cuando al final del verano volvías a la casa de Murcia, regresabas a un lugar distinto, a un mundo completamente diferente.

A día de hoy, echo de menos lo interminables que parecían aquellas vacaciones, pero no echo de menos el verano, al contrario. Maldigo, con cariño, no se me alteren, a los padres y madres de quienes todavía se empeñan en ensalzarlo. Y es que, queridos amigos, durante décadas hemos aceptado, y también nos han impuesto, que las vacaciones debían ser en verano y, más concretamente, en agosto, convirtiendo esa creencia en un dogma irrefutable que pocos, hasta la fecha, se han atrevido a cuestionar.

Y digo hasta la fecha porque durante los últimos años, y lo que te rondaré morena, el mercurio ha convertido los meses centrales del verano en los peores para descansar.

¿Quién puede disfrutar realmente de las vacaciones en pleno verano cuando nuestras calles se convierten en auténticas sartenes de aceite hirviendo y nuestros hogares en hornos microondas ? Si, cuando por fin tenemos tiempo libre, no podemos pasear, tomar un aperitivo o hacer deporte por miedo a sufrir un golpe de calor, ¿qué lógica tiene que nos obliguen a concentrar nuestro merecido descanso en agosto?

Y digo nos obliguen porque la Administración sigue defendiendo, más por tradición rancia que por sentido común, que las vacaciones han de ser disfrutadas en pleno mes de agosto.

Una Administración que sigue sin entender que el mundo ya no se paraliza en agosto y que, cada vez más, hay mucha gente que decide quedarse en la ciudad durante los meses de verano y necesita ofertas culturales y, por supuesto, que la burocracia administrativa no se paralice.

Es paradójico, más bien surrealista, que la Administración nos obligue, a golpe de decretazo, a descansar en agosto y al mismo tiempo, y me tengo que reír por no llorar, nos inste a seguir alimentando la vida cultural de la ciudades. Queridos, no se puede pedir presencia donde antes se ha decretado ausencia.

Enrocarse y seguir manteniendo la creencia de que agosto es un mes inhábil no es que esté desfasada, sino que es una irresponsabilidad máxima que vulnera los principios básicos de una ciudadanía que tiene derecho a disfrutar de unos servicios públicos plenamente operativos y que la cultura, por ejemplo, no se vaya de vacaciones.

Pero claro, es difícil fomentar proyectos que ayuden a mantener una ciudad viva durante los meses de verano cuando aquellos encargados de hacerlo han de estar de vacaciones, muy a su pesar, por decreto. Pues en esas estamos. Qué raro todo, ¿verdad?

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